
Comer a las tres. A las nueve desayunar. Bañarse, sentarse. Ir a merendar. Descansar quince minutos, andar, apurarse, no quedarse atrás. Se ha dicho, se insiste, un paseo supone un itinerario, un plan.
Hoy es verano. Habrá que dejar el método atrás. Traer los deseos, los hartazgos. Ociar. En verano, más que un paseo, habrá que vagabundear; sentir lo primero, errar.
Aquí hay sólo algunas recomendaciones para que se encuentre pronto lo que ha de saciar.
Cuando haya antojo de comer, habrá que dar un par de pasos para encontrar algún manjar. Hay gorditas, dulces tradicionales, pequeños restaurantes con una amplia variedad e inolvidables elotes listos para asar. Las terrazas, que abundan, pueden ser el mejor lugar para, además de comer, descansar.
Si se siente un poco de frío, en la Plaza Principal de Bernal se encuentra el taller La Aurora. Colchas, jorongos, suéteres y más artículos de lana y de algodón se ofrecen a quienes se quieren cobijar.
Por si se quiere curiosear, además de comida y ropa, Bernal ofrece una interesante variedad de artesanías que van desde los cristales y cuarzos hasta los rompecabezas.
Para cuando se desee el descanso, la oferta de hospedaje abunda. Hay posadas, pequeños hoteles, hoteles boutique y hasta la posibilidad de volver en el tiempo y quedarse en un sitio medieval.
Si ya se ha recorrido el pueblo y se busca más, los alrededores no decepcionarán. En la carretera que continúa luego de Bernal, el paisaje es semidesértico y las caleras que ahí se encuentran le dan al panorama un velo blanco que es difícil de olvidar.
VIAJANDO CON UN ARQUITECTO
Si cuando vas a Bernal tu acompañante, el arquitecto, no deja de hablar, toma la carretera que une a Ezequiel Montes con Tequisquiapan. En el km 8.5 se encuentra la Facultad de Veterinaria de la UNAM, una construcción de Isaac Broid ganadora de la Bienal de Arquitectura, que convive con el paisaje de una manera tal que, de verla, tu amigo se va a callar.