
Despierta. Las mañanas queretanas son buenas y frescas; lo son más si se disfrutan lejos de la ciudad. No desayunes, resérvate el placer para una parada en el camino.
Dirígete hacia El Pueblito. Ya ahí, todos los caminos van a la Pirámide del Cerrito. Toma cualquiera de las calles que se dirigen al poniente y, dando un par de vueltas, estarás al pie del Gran Cué (gran pirámide). Si pasas por el centro de El Pueblito, haz una parada y, ahora sí, desayuna. Cualquier puesto garantiza platillos de gran sabor.
Si prefieres evitar las calles angostas, toma el camino que viene desde Santa Bárbara; así, podrás ver primero la parte posterior de la pirámide, que todavía se encuentra cubierta por la maleza, para luego presenciar la parte descubierta.
Al llegar, sólo debes caminar y observar. Mira el ambiente semidesértico; toda esta vegetación protegió al monumento durante los años de la conquista espiritual y mantuvo vivos al edificio y a la intuición colectiva de que El Gran Cué estaba escondido ahí. Fíjate también en la construcción que está encima de la pirámide. Se dice que quien fuera dueño de todas esas tierras construyó «El Fortín» como una casa de campo, que nunca habitó.
El INAH ofrece recorridos gratuitos; toma uno para que, además de deleitar la pupila, sacies la curiosidad que despierta un sitio como éste.
La pirámide está abierta de martes a domingo de las 9:00 a las 14:00 hrs. Se recomienda que llegues temprano, para que termines el paseo a medio día, con un recorrido por las calles del centro de El Pueblito y una visita a su santuario.