La fuerza de Marina Vargas
En PANORAMA
Por: Ury Enríquez
Marina Vargas (Granada, 1980) es una creadora de fuerza misteriosa. Su trayectoria como artista comenzó un poco antes del cambio de siglo; le siguieron estudios universitarios y de posgrado en Bellas Artes en la Universidad de Granada y una carrera que no ha parado y la ha llevado a presentar su obra en rincones tan distintos como Varsovia, La Habana, Washington y, ahora, Querétaro.
Para hablar de su obra es necesario conjuntar distintos conceptos que la han acompañado en su andar: la palabra, la mujer, la lectura del tarot, el cuerpo, el género, las figuras históricas femeninas y la espiritualidad. Su trabajo discurre entre estas temáticas, un proceso de investigación consciente, sus vivencias diarias y un trabajo constante. Alfarera de imágenes poderosas; pinta, dibuja, fotografía, esculpe y piensa desde el cuerpo que habita; desde un origen andalusí y un destino en transformación. Marina es mujer, antes de muchas cosas. Mujer-mujer, mujer-artista, mujer-guerrera, mujer-secreto, mujer-humanx; con su obra busca visibilizar el papel que han tenido en el mundo las mujeres que la anteceden y las que la rodean.
La intención de levantar la voz femenina en el momento presente es parte de la encomienda que la ha traído a Querétaro. El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza creó en el 2018 el programa anual Kora, que introduce propuestas feministas de artistas contemporáneas residentes en España. A inicios del 2025, el recinto español inauguró, bajo la curaduría de Semíramis González, «Marina Vargas: Revelaciones», muestra que explora la figura de María Magdalena y su papel en la historia y el arte, y visibiliza las aportaciones y el legado de las mujeres que han sido silenciadas a lo largo de la historia, especialmente en el terreno de lo sagrado y lo espiritual.
Este 14 de noviembre, y hasta el 18 de enero, «Revelaciones» llega al Museo de Arte Contemporáneo Querétaro para seguir construyendo un sendero que parece inevitable en el andar de la artista: evidenciar, visibilizar, descubrir lo ignorado. Reescribir el relato con el cuerpo, la voz, la causalidad. Todo esto, acompañado de un enraizado visual de enigmas y recovecos. Marina, como dicta la frase atribuida a Juana de Arco, «no tiene miedo, ha nacido para esto».