Algunas cosas por descubrir

En PANORAMA

La galería más chiquita del mundo

 

En El Reinita, un restaurante pequeño (suerte de dinner) con una carta cambiante en la que hay desde ensaladas y sándwiches hasta especiales de la semana como sirloin marinado en salsa thai o pescado a la mantequilla, se aloja la así nombrada «galería más pequeña del mundo»: un baño de uno por dos metros. Sin temor a exagerar, los artistas jóvenes más importantes del estado han estado en sus cálidos muros: Rafa Rodríguez, Cristina Galaz, La Remolacha, Renata Martínez, Omar Benítez Favela o Ana C. Avila y más. En su Instagram puedes enterarte de su menú semanal y de la próxima exposición.

Se localiza a unos pasos del Mercado de La Cruz, en el número 27 de la Privada Manuel Gutiérrez Nájera.

 

Un rinconcito del Perú en Querétaro

 

En la calle Ignacio Pérez casi esquina con Madero, en la ciudad de Querétaro, se encuentra un pequeño local con un menú peruano; en él, la tierna imagen del logo da cuenta de su oferta: un pollito con un «chullo» (el típico gorro con orejeras tejido en lana de alpaca y otros animales). Además de pollo a la brasa, su carta ofrece picarones, carapulcra, causa limeña o papa rellena, entre otros platillos que puedes acompañar de inca cola o pisco sour.

 

Cabezas gigantes de Escolásticas

 

La localidad de Escolásticas en el municipio de Pedro Escobedo está llena de canteros: cuenta con cerca de 200 talleres de cantera. En los últimos meses, el Rincón del Matambre ha recibido a turistas en búsqueda de conocer las cabezas gigantes de cantera que, a pesar de haber sido realizadas en 2014, fueron «descubiertas» recientemente. Los autores de estas cabezas son los escultores Fernando Arévalo Uribe y Martín Nieto Uribe, para quienes la idea era «hacer historia y promover a Escolásticas». Si te interesa conocer la labor de escultores como Fernando y Martín, además de visitar este atractivo, te recomendamos conocer el artículo que recientemente se publicó en The New York Times: «The Overlooked Stone Carvers of Escolásticas»; en él, el autor del artículo —Walter Hodges— describe el paisaje de como Escolásticas uno lleno de trozos de piedras volcánicas, esculturas de cantera, nubes de polvo y un alto sol del desierto «que parece gritar más de lo que brilla».

Queso regional

 

Queso Dabehé, Rancho San Josemaría

 

Además del cariño que provocan sus ovejas, en Rancho San Josemaría se elaboran quesos orgánicos, fabricados artesanalmente y cuidando el bienestar de los animales. Dentro de su selección destaca el queso Dabehé (palabra otomí que significa «invierno»), ganador de la medalla de oro en los World Cheese Awards hace unos años. Este queso de oveja, de pasta dura, es elaborado con la leche ordeñada de enero a marzo y con al menos seis meses de maduración. De sabor intenso y textura cremosa, puede ser degustado como aperitivo, acompañado de una copa de tequila blanco o reposado.

 

Rancho San Josemaría

Camino a La Noria - El Milagro, km 2.5,

ejido El Milagro, Querétaro.

Visitas con reservación a través

de WhatsApp al 442 130 2161.

Platillo local

 

La simplicidad en un taco

Daniel García Padilla

 

Después de echarle una buena repasada al menú, opté por pedirme una lägermaiz de medio litro y un taquito de frijol con queso. Eso fue lo que probé en mi primera visita al Almacén Hércules y a la fecha, nueve meses después, ese taco sigue siendo la única constante en cada visita. Un pretexto mucho más que una consecuencia. Un antojo muy particular a pesar de la simpleza y versatilidad de los ingredientes que lo conforman.

 

De entrada viene con copia y la porción es tan generosa que, por su precio, alcanzas a despacharte dos tacos muy bien servidos en lugar de uno. La tortilla se hace a mano en comal de barro oaxaqueño, se nixtamaliza en casa y es de maíz hidalguense, de Tepeji del Río para ser exactos. El queso es un doble crema fresquísimo que viene de Chiapas y los frijoles son ayocotes de Amealco: el frijol más grande de todo México.

 

Proteína, grasa y carbohidratos repartidos en cantidades exactas. Para levantar el sabor y tener la experiencia completa, recomiendo acompañarlo de la salsa verde cruda que viene incluida en el servicio del Almacén. El toque de acidez necesario para que la maquinaria sensorial empiece a hacer lo suyo en la primera mordida. Un amable recordatorio de que, efectivamente, menos siempre es más.

 

Almacén Hércules

Av. Universidad Oriente 156,

Centro, Querétaro.

@almacenhercules

 

 

 

 

 

Recién publicado

 

El tigre sin rayas: entrevista a Raúl «Robin» Morales R.

 

En El tigre sin rayas, libro infantil publicado por la Secretaría de Cultura del Estado de Querétaro, un pequeño felino distinto a los demás deambula buscando su sitio al tiempo que busca las rayas que, intuye, deben estar escondidas en algún sitio. Su viaje muy pronto revela que las cosas destinadas a ser aparecen cuando no se buscan (reverso de aquella pregunta que lanzara Platón: ¿cómo emprenderás la búsqueda de aquello cuya naturaleza desconoces?).

 

Como el protagonista de su historia, el relato de Robin Morales tuvo un viaje previo a la materialización de este libro en español, primero como cortometraje animado —el cual ha formado parte de 120 selecciones oficiales en todo el mundo, recibiendo cerca de doce reconocimientos y llegando a estar en la lista de piezas seleccionables al Mejor Cortometraje Animado de los Premios Oscar 2021— y después como libro en una edición francesa. Sobre el origen y viaje de su historia hablamos con su autor, Raúl «Robin» Morales R.

 

¿Cómo surgió la idea de El tigre sin rayas?

 

Surgió en una materia de la preespecialidad de ilustración en la carrera de Diseño Gráfico, en la UNAM, como parte de una materia en la que teníamos la encomienda de realizar un álbum infantil ilustrado para poner en práctica la técnica pop-up, que son estas piezas movibles que tienen algunos libros. Se me ocurrió, entonces, la idea de tener a un tigre que no tuviera rayas y emprendiera una gran aventura para buscarlas por todos lados, una premisa simple, pero que pudiera transportar una metáfora de una búsqueda más profunda, la de su propia valía.

 

¿Podrías contarnos sobre el periplo de esta historia antes de su reciente publicación? 

 

Aquella maqueta universitaria la realicé en el 2004, el año que me gradué. La computadora en que el libro fue creado murió y, con ella, todos los archivos originales, de los cuales solo conservo una página. Años después, una amiga artista descubrió en un viejo estante el dummy físico que conservaba del libro y lo pidió prestado para rediseñar el personaje, a lo que accedí con la petición puntual de cuidarlo con su vida pues se trataba del único ejemplar y vestigio de la obra. En una mudanza a su país natal, el libro se perdió. Años después, decidí escribirlo e ilustrarlo de cero, nuevamente. A la par, mi carrera en el mundo de la animación caminaba y decidí adaptar, mejor, la historia a formato de corto y largometraje animado. Un día, el proyecto de cortometraje quedó seleccionado en el concurso de pitches internacionales del mercado del Festival Annecy, el festival de animación más grande del mundo. Viajé a Francia para presentar el proyecto del filme,  ganó dos residencias artísticas para producirlo, y también gracias a ellas se publicó el  libro en francés en Europa. De vuelta a México, El tigre sin rayas encontró su momento preciso y lugar indicado: el Museo de la Ciudad de Querétaro. Este recinto cultural no solo abrió sus puertas para ofrecer una exposición del filme del pequeño tigre, sino también materializó un sueño peregrino que comenzó hace dieciocho años: finalmente se publicó el libro en español para los niños de México.