Otras formas de conocer a Ewald Hekking
En ENTREVISTA
¿Cuál fue la primera impresión que tuvo de Querétaro cuando llegó aquí?
Cuando llegué por primera vez a Querétaro en el año 1981, era una ciudad provinciana muy tranquila. Solo había un semáforo en toda la ciudad. Hace cuarenta años cruzaba yo caminando tranquilamente la ciudad para ir a mi trabajo. Mucha gente me conocía y me saludaba.
¿Cuál es la forma correcta, hñäñho o hñähñu?
Usamos hñäñho cuando hablamos de la variante regional del otomí habla da en Santiago Mexquititlán, Amealco. Para referirse al otomí a nivel nacional usamos hñähñu (se usa también para referirse a la variante del otomí hablado en el Valle de Mezquital, en el estado de Hidalgo).
Palabra favorita en hñäñho.
Son varias mis palabras favoritas en hñäñho. Son todas palabras que contienen la vocal u subrayada, que representa un sonido entre /u/ y /i/. Es un sonido que aparece en las palabras mûi, «corazón», estómago; 'mûi, «costumbre», «familia», «vida»; hûfi, «abrazar»; ts'ints'û, «pájaro», jûû, «frijol»; tx'ûtho, «poco»; 'yû, «raíz»; tsûts'i, «besar». La û subrayada no existe en el español, pero sí en alemán, holandés y francés. Estas palabras me parecen muy tiernas y son muy simbólicas en la cultura otomí. De éstas la palabra tûxûmu, que significa «mariposa», sería una de mis favoritas.
Relato favorito de la cultura otomí.
«El origen del hombre, del fuego y del color del cielo», que me contó el señor Andrés Pedro Marcelo en Santiago Mexquititlán, padre del maestro Severiano Andrés de Jesús, quién me enseñó la lengua otomí. Es un relato muy revelador y visionario, una cosmovisión muy arraigada en la cultura otomí, incluso en la mazahua. Un relato vigente que se ajusta mucho a la realidad actual, ya que los humanos estamos en peligro de ser aniquilados por las locuras de la guerra absurda que nos amenaza a todos.
Algún sitio que le guste particularmente de la ciudad de Querétaro, y dos o tres en el estado.
Mi sitio favorito en la ciudad de Querétaro es el mirador de los Arcos, cerca del templo de la Cruz, porque tenemos un panorama majestuoso que combina naturaleza, historia y modernidad, que me provoca una situación de libertad.

Fuera de Querétaro me gusta la vista del valle que hay entre Amealco y Santiago Mexquititlán, una zona bos cosa de encinos, con lagunas que están en los restos de un cráter volcánico, en cuyos márgenes está San Miguel Tlaxcaltepec. También me cautivan los paisajes de la Sie rra Gorda, especialmente cuando uno entra desde Cadereyta, esa zona de curvas que parece una gran serpiente, que transita de un clima semidesértico, templado, a un clima subtropical.
Una de las piezas de la exposición «Ma mfeni» —que tuvo en el Museo de la Restauración de la República a finales de 2024— de la que quisiera contar algo.
Me gustaría comentar la obra Ar 'Mûi / Eclosión (ver p. 50), en donde al centro está una mariposa nocturna, ar tûxûmu. En esta obra quise representar la fragilidad de la vida, y la transición entre la vida y la muerte. En retrospectiva me parece una metáfora con la situación de la pérdida de la lengua otomí, pero también se puede apreciar el sincretismo cultural entre la religión de los pueblos indígenas antes de la conquista, en donde se veneraban elementos de la naturaleza, como las montañas y el agua, y la religión católica impuesta por los españoles.
Una forma de mirar, sentir y contar el mundo.
Publicado en cuatro idiomas en 2018, este libro, coordinado por Ewald Hekking y su colega Aurelio Núñez, presenta doce narraciones tradicionales otomíes, entre las que se encuentra «El origen del hombre, del fuego y del color del cielo», el relato favorito de la cultura otomí de Ewald. Las ilustraciones son del pintor amealcense Eduardo Ruiz (Asomarte 257). Universidad Autónoma de Querétaro y Eólica Grupo Editorial.