Sierra Gorda Barroca

En CULTURA

El origen de las misiones 

Las portentosas misiones franciscanas queretanas fueron erigidas en el siglo XVIII, tras doscientos años de resistencia indígena, conquista y mestizaje en México. Aunque a simple vista comparten entre ellas motivos y estructuras similares, cada una tiene íconos y detalles únicos. Pero antes de ser edificios monumentales, fueron asentamientos religiosos rurales en zonas donde dominicos, agustinos y franciscanos ya habían comenzado a evangelizar y en los que todavía había enfrentamientos militares. Fray Pedro Pérez de Mezquía, en calidad de presidente de las misiones de Sierra Gorda, que estaban a cargo del Colegio de San Fernando, en 1744 recorrió este territorio montañoso, junto con el general José de Escandón y un grupo de soldados, para elegir cinco lugares estratégicos donde fundar las misiones franciscanas. Luego designó misioneros y frailes en cada uno y mandó erigir sitios de culto modestos para realizar las misas y la catequesis. Sin embargo, fue hasta la llegada del mallorquín fray Junípero Serra, su comitiva —entre ellos el padre Francisco Palou, su discípulo, biógrafo y hasta confesor— y sus sucesores de la orden franciscana que la estrategia avanzó en la región, en parte porque aprendió la lengua de los pobladores. Finalmente, a mediados del siglo XVIII, iniciaron los primeros procesos de construcción de las edificaciones de las cinco misiones, localizadas en los actuales municipios de Jalpan de Serra, Arroyo Seco y Landa de Matamoros, y que fueron inscritas en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco en 2003. 

 

Misiones en Jalpan de Serra

La Misión de Santiago de Jalpan fue la primera y está dedicada, como su nombre lo indica, al apóstol Santiago el Mayor. Sirvió como punto central y de ejemplo para la edificación del resto de las misiones. El portal del templo está abocinado, con el arco avenerado. Cuenta con una fachada (o portada) vertical de estilo barroco churrigueresco al inicio de la nave, construido por maestros albañiles foráneos y por los propios indígenas integrados en la comunidad —los misioneros tenían conocimientos de agricultura, ganadería y sistemas de captación de agua, además de carpintería, herrería y más, así que también enseñaban oficios a los pobladores—, y tal vez el único que vio concluido Junípero Serra antes de continuar con su viaje misional a las Californias. Está ornamentada con excesivos motivos vegetales, que van en sintonía con el estilo arquitectónico recargado. En ella hay elementos simbólicos en todos sus cuerpos, calles y pilastras, como cortinas, águilas bicéfalas, el escudo de las cinco llagas y el escudo de armas franciscano (dos brazos entrelazados con las palmas clavadas sobre una cruz latina, una de cristo y la otra de san Francisco de Asís). También tiene nichos con imágenes religiosas de san Pedro, san Pablo, santo Domingo, san Francisco, la Virgen de Guadalupe y la Virgen del Pilar. En el centro hay, abocinado, un ojo de buey en forma de rombo polilobular. En la parte superior, donde ahora está el reloj, antes había una imagen de Santiago. Corona toda la fachada una cruz de herrería. 

 

En ese mismo municipio, al noreste, se encuentra la Misión de Nuestra Señora de la Luz de Tancoyol. En la fachada del templo está representada la estigmatización de san Francisco, con fray León como testigo. En los nichos se encuentran imágenes de san Pedro, san Pablo, san Joaquín, santa Ana con la Virgen, san Antonio y san Roque. También hay elementos como el escudo de armas franciscano y el de las cinco llagas, así como ángeles por todas partes, algunos sosteniendo distintos objetos simbólicos —por ejemplo, uno con un racimo, otro con una cruz y un mazo, otro con una escalera; uno con un látigo y la Santa Faz, otro con la columna y la mano de la flagelación. En el centro hay, abocinado, un ojo de buey mixtilíneo alargado, enmarcado por una moldura exterior que asemeja la concha de Santiago (o del peregrino). En el remate se halla una gran cruz latina con un par de ángeles turiferarios, hincados, uno a cada lado, además de la cruz de Calatrava y la de Jerusalén. En lo alto, también corona una cruz de herrería.


El Camino de San Junipero Serra 

Una manera de admirar la belleza arquitectónica de las misiones franciscanas es recorriendo el Camino de San Junípero Serra, compuesto por diez rutas en las que se siguen los pasos misioneros atravesando sendas entre montañas y valles y cruzando ríos. Una excelente conjunción de naturaleza, espiritualidad y cultura, porque peregrinar no es solo caminar, sino reencontrarse con uno y lo divino, pues iniciativas como esta llevan a tener diálogos con el interior y con los demás caminantes, dejando espacio para la admiración de la belleza natural y el silencio. Entre sus próximas rutas, a realizarse en octubre y noviembre, se hallan la Franciscana (de cuarenta y dos kilómetros), y, de mayor dificultad, la Verde y la del Camino Real (de cien y ciento noventa y siete kilómetros, respectivamente). 


 

Misiones en Landa de Matamoros 

La Misión de Santa María del Agua de Landa se localiza al este de Jalpan, en el municipio de Landa de Matamoros. El templo tiene una fachada amplia, con un portal de arco de medio punto; encima de él hay un nicho con la imagen de la Virgen María, en su advocación de la Inmaculada Concepción, rodeada de cuatro ángeles: dos recorriendo unas cortinas y dos turiferarios, hincados. Al centro de la portada, alrededor del ojo de buey octagonal abocinado, se desprenden distintas representaciones y símbolos religiosos: el escudo de armas franciscano y el de las cinco llagas, el beato Juan Duns Escoto y sor María de Jesús de Ágreda y dos ángeles sosteniendo un cordón franciscano. Un poco más arriba está, por un lado, la representación de la entrada a Jerusalén y, por el otro, la de la flagelación; en el centro, en nichos, la imagen de san Lorenzo y, encima de este, la de san Miguel luchando con Satanás y sus demonios. En la punta, una cruz de herrería. A lo largo de toda la fachada también se dispusieron nichos con otras imágenes religiosas: san Jacobo de la Marca, san Bernardino de Siena, san Juan de Capistrano, el beato Alberto de Sarzana, san Pedro, san Pablo, san Esteban y san Vicente. Además, hay una profusión de otros elementos ornamentales y simbólicos, como ángeles, mascarones, conchas, mazorcas, motivos vegetales y, curiosamente, cuatro sirenas.

 

También en este municipio se alza la Misión de San Francisco del Valle de Tilaco. En los nichos se colocaron imágenes de san Pedro, san Pablo, san José, La Inmaculada Concepción y arriba, al centro, la de san Francisco de Asís, rodeado de ángeles: uno debajo, dos sosteniendo una cortina, uno con una guitarra y otro con un violín. En ambos extremos del cuerpo superior hay dos ángeles que simulan sostener la cornisa y, debajo de cada cual, águilas viendo de frente. El ojo de buey en forma de rombo polilobular también está abocinado, como el resto de las misiones, pero cuenta con detalles que sobresalen del muro y que probablemente simulan pétalos. Alrededor hay cuatro ángeles que sostienen unas cortinas, que son las más esculpidas de todas las fachadas, pues hasta cenefa con borlas tiene. Debajo, al centro, un gran escudo de armas franciscano, coronado por el Espíritu Santo, simbolizado como una paloma. Por su parte, el arco del portal abocinado también reproduce la forma de pétalos del ojo de buey, y esto se corresponde con el resto de ornamentos vegetales barroquísimos que recubren toda la fachada, con sus también llamativas cuatro sirenas.

De un viaje tarde o temprano se regresa. Quedan fotos y videos en el celular, recuerditos en la maleta, anécdotas para la sobremesa. De la Sierra Gorda el viajero regresa enamorado de la naturaleza, las actividades al aire libre, la comida, los hospedajes, las tradiciones y también de la cultura, que representa una manera de reflexionar sobre el pasado y presente que resguarda. 

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