Sentirte parte del paraíso.
En Tip Asomarte
Por Sasha A. Vidal Martínez.
Imagínate estar en contacto directo con lo que te rodea, detener el tiempo por unos segundos y apagar el ruido que nos persigue todos los días. Eso permite el camping, o como mejor lo conocemos, acampar.
Al inicio puede sonar un poco intimidante, pero vale muchísimo la pena. Llegas con tu mochila, tu sleeping y las ganas de improvisar, y de pronto te encuentras en medio de la Sierra Gorda, con un aire que huele a tierra mojada y un entorno vibrante, lleno de verde por todos lados.
Acampar es, en realidad, una de las experiencias más divertidas que se puede vivir, especialmente si lo haces con amigos o familia, ya que, por ejemplo, el terreno se convierte en un pequeño campo de batalla improvisado: armar la casa de campaña es todo un espectáculo, un ritual que tienes que dominar antes de que caiga la noche, mientras los grillos cantan y el río murmura a lo lejos. Y justo cuando el ocaso pinta el horizonte con tonos de fuego el cielo te sorprende salpicado de estrellas. Por si fuera poco, si eres un gran amante de la astronomía, prepárate, la vista es simplemente inigualable.
Si antes mencioné una campal, debo decir que la verdadera batalla es contra la naturaleza, más específicamente contra la temperatura, pues el calor del día engaña y la noche muchas veces se presenta fría, a veces más de lo que esperabas. Entonces toca envolverse entre suéteres y risas mientras alguien prende la fogata. Porque ¿qué sería de un campamento sin los chasquidos de la leña al fuego, el silencio profundo de la noche y esas historias —a veces inventadas, a veces recuerdos— que solo se cuentan de madrugada? Ese es también el instante perfecto para sacar las provisiones que se compraron en el camino, quizá en alguna plaza cercana.
Finalmente, dormir es otro viaje en sí mismo: entre las ramas que crujen, insectos que no se callan y el murmullo del agua, tu mente simplemente se rinde. Y, cuando llega el amanecer, con el canto de las aves y la neblina cubriendo los cerros, entiendes por qué se dice que la naturaleza recuerda que la tranquilidad puede ser un alivio: porque ahí, en cuestión de horas, pasas de ser un visitante a sentirte parte del paraíso.
Para nuestra fortuna, Querétaro cuenta con lugares donde vivir experiencias únicas, distintas entre sí según las características de cada sitio, en diversos rincones del estado, como el Parque Natural La Beata, en Amealco, y su tierra rojiza; el mar de nubes en Cuatro Palos, o la majestuosa cascada de El Cedral, ambos en Pinal de Amoles.
La Algaba, @la.algaba.amealco en Camino a San Pedro Tenango, Amealco de Bonfil, un lugar ideal para conectarte con la naturaleza y relajarte. En El Cedral, @elcedralpinaldeamoles conocido en Pinal de Amoles, se encuentran bosques de niebla, cascadas impresionantes, con avistamiento de aves y conservación ambiental. El Mirador Cuatro Palos, @EjidoCuatroPalos accesible en horario amplio, ofrece vistas panorámicas espectaculares para disfrutar amaneceres únicos sobre la sierra. Mientras que en el Parque Natural La Beata, @parquenaturallabeata entre La Joya y El Aserrín en Amealco, se pueden realizar senderismo, camping y ecoturismo, rodeado de biodiversidad.