Pastorelas, una tradición decembrina infaltable

En CULTURA

Antes de terminar la segunda década del siglo XIX, José Joaquín Fernández de Lizardi escribió su famosa Pastorela o la noche más venturosa e inauguró una etapa nueva, esencialmente mexicana, hasta hoy inagotable, de las representaciones populares alrededor de la Navidad. El texto recordaba, como era costumbre, el pasaje bíblico del nacimiento de Jesús de Nazaret en un pesebre, con la visita de los pastores, que, en los alrededores y alertados por un ángel, dejaban a sus animales y se postraban ante el redentor, pero con connotaciones propias de estas tierras. 

La pastorela del también llamado «Pensador Mexicano» continuaba así una tradición que tuvo sus inicios en la Edad Media y que en nuestro país se desarrolló desde la época Virreinal, pero dándole ese tinte particularmente mexicano. Nacía así la nueva etapa de una tradición, que, sin imaginarlo, con el tiempo se convertiría en infaltable de las celebraciones navideñas.

 

La larga lucha del bien contra el mal 

Los coloquios y las pastorelas fueron un mecanismo de eficaz catequización a los pobladores de estas tierras por parte de los frailes llegados desde España, tanto franciscanos como jesuitas. Hay constancia de que, por ejemplo, El coloquio de la conquista se puso en escena a principios del siglo XVII con intérpretes no profesionales en esas lides, como solía hacerse, y con la dirección de los frailes que acercaban así a los indígenas a diversos pasajes bíblicos. 

Representaban un eficaz mecanismo para educar en la nueva religión a los oriundos de la llamada Nueva España. 

Antes de esa fecha, en 1595, el jesuita Juan de Cigorondo puso en escena Égloga pastoril al nacimiento del niño Jesús. Se trataba ya de una pastorela formal para representarse en épocas decembrinas, con la única intención de enseñar, o recordar, los pormenores del nacimiento de Jesús, con los medulares personajes de los pastores, el ángel y el demonio. Durante algún tiempo, a la expulsión de los jesuitas de la Nueva España, las pastorelas también fueron censuradas y dejaron de representarse temporalmente en los templos. Pero, como ahora resulta evidente, regresarían por sus fueros. 

 

Estas historias que escenificaban la lucha entre el bien y el mal, donde siempre ganaba el primero, fueron evolucionando con los años, convirtiéndose a lo largo de los siglos XVIII y XIX en espacios para la sátira y la crítica, regularmente con un carácter popular y cómico, características que se preservan hasta nuestros días. Las pastorelas, tradicionales o no tanto, son consumo necesario en escuelas, empresas y hasta entre particulares, que, en ellas, encuentran un motivo más para la celebración del nacimiento de Jesús, o simplemente para divertirse. 

 

Del Bajío a Belén 

En Querétaro las pastorelas han sido una constante decembrina por décadas, y para los creadores teatrales de la entidad se han convertido en un recurso válido para balancear, mediante la taquilla, los siempre inseguros recursos financieros que permite el teatro. Con ellas no solo llenan sus espacios de público, sino que también las traducen en un atractivo producto para empresas, escuelas e instituciones diversas.

Como bien asegura Jessica Zermeño, directora de La Mirruña Teatro —una de las compañías que ejercen su trabajo en el Centro Histórico de la capital queretana—, la asistencia de público es mucha y hasta hay gente que lleva un calendario para ver todas las propuestas y calificarlas después de acuerdo a su propio gusto. Por su parte, Edgar Wuotto, cuya propuesta teatral tiene ya veintiocho años de vida, considera que las pastorelas queretanas también resultan relajantes y liberadoras para los actores, porque les permite jugar en escena e interactuar constantemente con el público, luego de un largo año de exigencias escénicas. 

La más antigua de las pastorelas de este año en Querétaro es la del grupo teatral universitario Cómicos 17 de la Legua, quien ha representado el mismo texto, creado colectivamente y con adecuaciones propias a la actualidad, durante ya cuarenta y nueve años. La Tradicional pastorela queretana del grupo más longevo de América inicia su temporada el 13 de diciembre, suspendiendo solamente los días 23, 24 y 31, y continúa, como es una costumbre de casi todos los grupos, durante algunos fines de semana de enero del 2026. Todo ello en su ya tradicional espacio del Mesón de los Cómicos de la Legua, en la calle Guillermo Prieto. 

Lo mismo sucede en el Corral de Comedias, que desde un año después de su creación, en 1981, representa su Pastorela navideña, salida de la pluma del traductor y escritor Enrique Delgado Fresán. La representación, con dieciocho actores en escena, llega así a su cuadragesimocuarta temporada. 

Otra lunática pastorea de película 2025 es el nombre de la representación que lleva a cabo en su propio espacio el teatro Sol y Luna. La obra, escrita por su director, Edgar Wuotto, pretende, con la mezcla de personajes tradicionales y otros de la vida actual, brindar un sano esparcimiento a las familias. Esta propuesta, como en años anteriores, se alarga más allá del tradicional mes de diciembre, a los fines de semana de enero e incluso, si el público sigue asistiendo, de febrero. 

 

Por su parte, el Teatrito La Carcajada, comandado por Jorge Izquierdo, «Chito», y Ricardo Ortega, «Coka», ofrece a su nutrido público una pastorela con los personajes que ya son tradicionales: Márgaro y la Abuela. La temporada inicia el 4 de diciembre y se extiende hasta el 10 de enero del próximo año, todos los días, de lunes a domingo. La producción está a cargo de Mane Lanuza y cuenta, además, con la participación de Armando González, José Remis, Vero Mayor, Gaby Galván y Coco Alatorre. Las funciones se llevan a cabo en el nuevo espacio de la compañía, inaugurado hace algunas semanas, ubicado en 5 de Mayo 70-B.

 

La Fábrica, el espacio dirigido por Alonso Barrera, recupera este año al personaje de Melesio, el famoso amealcense considerado «el mejor hacedor de pastorelas del mundo», en Pastorela 2049, donde, evidentemente, el futuro, a cargo de su sobrino Timmy, le hará ver las desventajas de decidir no volver a hacer pastorelas, «porque al mundo le dan igual». La temporada se realiza los viernes (una función) y sábados (dos funciones) de diciembre. 

 

La Gaviota, grupo teatral con treinta años de trayectoria, vuelve a traer a los escenarios, este diciembre, a sus ya tradicionales personajes «los Chones» en la pastorela Chon y Jennifer en una pastorela de mentirijillas, donde introducen también música con canciones icónicas de los años ochenta del pasado siglo e inspirada en el exitoso musical Mentiras. La propuesta, con diez actores en escena, se presenta en el propio espacio de La Gaviota, en la calle de Régules, a partir del doce de diciembre en funciones diarias, salvo fechas específicas, y los viernes y sábados del mes de enero. 

 

Una propuesta diferente a lo tradicional es la que presenta este año La Mirruña Teatro, ahora en su nueva sede de la calle de 5 de Mayo —justamente donde antes se ubicaba el Teatrito La Carcajada. La puesta en escena, escrita y dirigida por Jessica Zermeño, quien también actúa junto con Óscar Sasia, reimagina el relato del nacimiento de Jesús con una perspectiva actual y con personajes que parodian a artistas de moda de los que se ha hablado mucho últimamente: Ángela, María Cazz y José Nodal, y se presentará todos los viernes y sábados de diciembre y enero.

 

El Palacio de los Títeres, compañía que estrena espacio en la misma calle de 5 de Mayo (donde, a su vez, anteriormente se ubicaba La Mirruña), se une también a la tradición de las pastorelas en Querétaro, confirmando que este formato de teatro tiene mucho que ver con los títeres, como lo han demostrado en anteriores oportunidades con obras como El burrito salamero. Este año dan un paso a una pastorela con títeres bocones de cartonería y gran formato, siempre privilegiando la sencillez y la belleza de la tradición decembrina.

 

Otra de las propuestas esperadas por el público de pastorelas es la de El Sótano Teatro, ubicado en avenida Universidad. Se trata de Los reyes al rescate de la Navidad, una coloquial y humorística historia donde Jacinta y Albertano deciden organizar la fiesta tradicional sin darse cuenta de que los diablos pretenden echar a perder sus planes. Afortunadamente, la llegada de los Reyes Magos, «los de verdad», resuelve las confusiones y el enredo, y el bien, como siempre, sale victorioso frente al mal.

Finalmente, Trump, la ICE y migrantes detenidos que hacen el papel de pastores son interpretados por cinco actores en Ja-Ja Teatro, que dirige Gerardo Pacheco, «Pach», en la pastorela Entre trumpadas, aranceles y deportaciones llegaron los pastores, a partir de la primera semana de diciembre, una función los primeros viernes y sábados (5, 6, 12 y 13), y dos funciones diarias desde el día 18.

Un mecanismo de crítica, un pretexto para hacer reír al público, un recuerdo de lo que fueron, una tradición decembrina infaltable: la pastorela abona al color y sabor de la Navidad, y en Querétaro, ciudad con una basta oferta teatral, representa también el lujo de escoger entre las muchas opciones que se ofrecen. Es la oportunidad de recorrer la ciudad buscando un pesebre en compañía de los pastores, de los ángeles y de los diablos, a sabiendas de que el bien volverá a triunfar como cada diciembre. 

 

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