Una brújula para el reposo
En TURISMO
Por José Manuel Velasco
¿Se siente usted estresado, ansioso, con mil pendientes por resolver? ¿Le asfixia el trabajo, las noticias, el cambio climático, la multiplicación de grupos de WhatsApp? ¿Padece dolores crónicos, migrañas, insomnio? ¿Amanece cansado y sin energía? ¿Le preocupan sus niveles de colesterol? ¿El corazón? ¿Una tos persistente? ¿Su salud financiera? ¿Las fricciones familiares? ¿Sus hábitos alimenticios?...
Si respondió afirmativamente a dos o más preguntas, sus índices de preocupación están dentro de la normalidad. Si, por el contrario, usted no conoce el estrés ni la ansiedad o se considera ajeno a angustias y aprensiones, es probable que usted sea una entidad imaginaria o que su edad biológica ronde los ocho años.
El día de hoy no vengo aquí a venderle pomadas ni a convencerlo de quién sabe qué técnica milagrosa. Vengo, eso sí, a robarle unos minutitos de su tiempo para ofrecerle oxígeno puro y fresco; por suerte, en Querétaro aún se respiran aires de provincia, y en provincia uno puede correr el riesgo de ser cursi sin ningún temor, así que abra el chakra-corazón y relájese mientras le platico.
Al tiempo que usted inhala en cinco tiempos, le pregunto: ¿No le parece que en estas épocas pospandémicas nos hace mucha falta aprender a soltar y a respirar mejor? ¿No será que conviene re-lajarse re-petidamente para re-cuperarse y re-vivir? Porque solo así —reposados como Dios en el séptimo día— será posible detenernos y contemplar que todo es bueno en grande manera.
Pero no se ponga nervioso, exhale y disfrute el momento, pues lo que le traigo en estas páginas es un recorrido sanador a través de cuatro puntos cardinales de la geografía queretana: agua, naturaleza, silencio y buen humor; un combo holístico para olvidarse de cualquier complejo, malquerencia o malestar. No permita que le vendan gato por liebre: confíe, inhale, libere el resentimiento y la tensión, pues la mejor medicina está siempre al doblar la esquina.
La Tortuga Xaha Hotel & Spa
Viajemos primero a San Antonio de la Cal, Tolimán, a La Tortuga, un hotel spa que descansa sobre una loma flanqueada por la imponente Peña de Bernal. Administrado por una cooperativa de mujeres hñähñu, este lugar está enraizado en la tradición de los saberes curativos de los pueblos originarios; una tradición milenaria anclada en la riqueza natural del semidesierto.
Además de hotel, spa y restaurante, La Tortuga es un santuario a los poderes medicinales del agua, simbolizados por la diosa Xaha, que —en la cosmovisión otomí— yace al pie de la Peña e irradia su luz hacia todas las criaturas del valle. Para los pueblos mesoamericanos, la fuerza purificadora del agua se potencia en la ceremonia del temascal: un baño de vapor estructurado como un viaje simbólico través de los elementos naturales y que, por mediación del fuego,del canto, el silencio y la oscuridad, nos devuelve a nuestro centro.

En La Tortuga es posible iniciarse en esta práctica ancestral de la mano de quienes han preservado su esencia ritual por generaciones. Pero, más allá de los masajes, la alberca y el temascal, este no deja de ser un oasis apapachador, un refugio para alejarse del ruido y disfrutar con el sazón local de las gorditas de maíz quebrado, las ensaladas, los guisos y las aguas frescas del restaurante.
Al salir de aquí, usted se sentirá más ligero y tranquilo. Como el Maestro Oogway, la sabia tortuga de Kung-Fu Panda, podrá decir sin mentir que «el ayer es historia, el mañana es unmisterio, pero el ahora es un regalo…por eso se le llama presente».
Senderismo en el Pinal del Zamorano
Pero es verdad que hay neurosis resistentes, manías y apegos que se adhieren como sanguijuelas y nos chupan la alegría. Para esos casos de amargura persistente, nada mejor que un baño de bosque. No lo digo yo, lo dice la Organización Mundial de la Salud: pasar tiempo en la naturaleza mejora la calidad del sueño, reduce la presión arterial, ahuyenta la ansiedad, diluye corajes y evita que uno se la pase criticando a los vecinos.

Hace más de un siglo, el naturalista y escritor escocés John Muir escribió: «Hoy miles de personas cansadas, con los nervios a flor de piel y demasiado civilizadas están empezando a descubrir que ir a las montañas es volver a casa; que la naturaleza salvaje es una necesidad». No se equivocaba. Es más: si Muir fuera queretano, se le vería yendo de arriba abajo del Pinal del Zamorano, defendiendo esta región volcánica que marca la frontera entre los estados de Guanajuato y Querétaro y que, entre otras cosas, se caracteriza por la salud de sus bosques de encino y oyamel.
Con sus 3340 metros de altura, el Zamorano es ideal para quienes buscan iniciarse en el senderismo y el montañismo, o para cualquiera que desee relajarse y nutrir sus pulmones con una sobredosis de terpenos. Lo aconsejable es partir temprano de la comunidad de Los Trigos (en el municipio de Colón) y desde ahí seguir la ruta que conduce hasta la cima. Es importante llevar agua y refrigerios, e ir acompañado por un guía, sobre todo la primera vez.
Así que, ya lo sabe: antes que somníferos y calmantes, pruebe usted la terapia de bosque. Aléjese del asfalto, deje el teléfono, el TikTok y el Google Maps. Mejor —como canta el maestro Fito Páez— tírese un cable a tierra.
Observatorio Astronómico Ilalux

Si no funciona el agua ni el bosque ni las terapias, quizá convenga probar un método radical y extravagante: la contemplación prolongada del cielo nocturno. ¿Hace cuánto que no se expone al espectáculo del cosmos? Pues lamento informarle que no hay salud mental posible si no se mira cada tanto a las estrellas. Acaba uno por creer que la estrella es uno y, tarde o temprano, la mente se vicia en órbitas hipocondriacas y egocéntricas.
Para revertir esta tendencia malsana, suele ser provechoso dimensionar los altibajos personales ante la coreografía de las galaxias, los asteroides y los cometas. Y gracias al cielo —nunca mejor dicho—, en Querétaro contamos con Ilalux, uno de los mejores observatorios astronómicos del país.
Ubicado en La Mesita, Huimilpan, a veinticinco minutos de la capital del estado, el observatorio cuenta con hospedería y zona de campamento y está rodeado de un hermoso paisaje de matorrales y huertas de mezquite. Estas características, sumadas a la gestión del astrónomo Reynaldo Huerta y a un robusto programa de talleres, cursos y conferencias, han consolidado a Ilalux como un espacio de encuentro para investigadores y aficionados.

Le aseguro que cualquier tristeza se desvanece al contemplar una lluvia de meteoros, que la mente se expande al mirar los mares de la luna y que, después de zambullirse en la noche estrellada, volverá usted a casa despejado y sonriente, con la seguridad de que sus problemas son una minúscula mota de polvo.
Santuario de la Virgen
de Schoenstatt

Ahora bien, para extirpar esas amarguras resilientes, para esas roñas del alma que nos matan de a poquito, solo existe un disolvente probado y cien por ciento eficaz: el silencio, que hoy parece haberse convertido en un bien escaso y hasta en un lujo —aunque lo cierto es que basta alejarse unos cuantos kilómetros de la ciudad para acceder a espacios libres del cacareo urbano y de sus zumbidos constantes.
Uno de estos refugios apaciguadores es el santuario de la Virgen de Schoenstatt, en Los Olvera. Alrededor de la pequeña capilla (réplica de la que está en el santuario de Vallendar, en Alemania) se extiende una zona de jardines y senderos a la que los visitantes atribuyen la gracia del cobijo y la acogida.
Sea usted o no religioso, aquí encontrará calma, silencio y un ambiente propicio para la contemplación. Como otros espacios de devoción en Querétaro, Schoenstatt está cargado con una energía de recogimiento y buena voluntad; la suya es una vocación de consuelo y unidad, lo cual lo convierte en un destino inmejorable para cualquiera que busque un poco de paz y tranquilidad.

Antes de despedirnos, le recuerdo que es importante hidratarse, tomar el sol, pasar tiempo con la familia y los amigos, jugar con los niños, reducir el tiempo en pantalla y desplazarse a pie o en bicicleta cada vez que sea posible. Menos azúcar, más vegetales, menos discursos y más empatía, pues no hay yoga ni terapia que reemplace a la intención de ser amables, así que —¡llegó la hora— deshaga esos nudos y libérese por fin de la tensión.
Por último, inhale conmigo una última vez: aspire todo el aire que pueda en un solo impulso, como si quisiera llenarse los pulmones con los vientos del Bajío, o como si fuera posible absorber todas estas palabras de un tirón; después retenga unos segundos y deje que el aire salga naturalmente.
¿Mejor?
Bueno, por algún sitio hay que comenzar y, como apunta la escritora Marielle Macé: el verdadero descanso empieza con una respiración profunda. Así que ¡cuídese de vendehúmos!, que es solo un respiro lo que usted necesita y ya tiene en sus manos el mapa para un descanso cabal y bien merecido.