Adentrarse a la naturaleza

En TURISMO

Siempre han existido personas promotoras del outdoors, esa vida al aire libre que promete elementos esenciales para la salud de la mente y el cuerpo. Personajes como Henry David Thoreau, John Muir y, más recientemente, Yvon Chouinard han hablado sobre la importancia de contemplar e introducirse en la naturaleza, de caminarla, escucharla, dormirla, escalarla. Vivirla en plenitud y sin resistencia, en la soltura de adaptarnos a lo que viene y dejar el control para otro momento.

 

 

Luego de una pandemia como la vivida con el coronavirus, el impulso por esta práctica se desató en un mayor número de personas que, después de un encierro tan abrumador, buscaron —o buscamos— formas de nuevamente estar en contacto con el aire libre, con los colores de la naturaleza, y valorar aquello que se da por sentado en un mundo en donde la rapidez le gana a la contemplación. Y Querétaro no es la excepción para esta solicitud.

 

 

En el estado han aumentado exponencialmente las rutas de caminata, los grupos de senderismo y los servicios profesionales para salir a la naturaleza; en un territorio dominado por una diversidad de ecosistemas envidiable, la oferta se mantiene próspera y muy redituable para el espíritu aventurero.

 

 

 

 

El Cedral, Pinal de Amoles

 

El Cedral, ubicado en Pinal de Amoles, está a tan solo unos minutos de la cabecera municipal. Es una propiedad privada que tiene como objetivo cuidar el bosque en favor del balance ecosistémico y permitir que las personas lo disfruten y contribuyan a su conservación.

 

 

Este santuario natural se ha dado a conocer bajo dos pilares fundamentales: siempre realizar los recorridos bajo la guía de expertos en la zona y mantener el espacio con el menor impacto posible. Cuenta con un área limitada para acampar bajo un cielo estrellado, disfrutar de una fogata por la noche y sentir el silencio de la zona —un privilegio del que los citadinos gozamos en menor medida cada día.

 

 

 

 

El complemento son algunas rutas de senderismo que los lugareños han trazado para que se pueda apreciar la vasta naturaleza que robustece el área. Existen dos principales, pero es importante resaltar que para todas las actividades es necesario agendar una reservación, que se puede realizar a través de su cuenta de Instagram: @elcedralpinaldeamoles.

 

 

La ruta larga, llamada Espinazo del Diablo, recibe su nombre por una bajada abrupta y medianamente técnica que se presenta en la primera sección de la caminata. Este descenso tiene como meta conducir a una espectacular cañada con un serpenteo de agua, el cual abastece al fecundo verde que invade la zona.

 

 

En época de lluvias suele crecer el río, lo que propicia varios cruces de agua para los cuales vale la pena considerar un calzado extra en el auto o en la casa de campaña. En la época seca baja su flujo considerablemente, pero aún se pueden encontrar algunos riachuelos y una variedad en los colores de la vegetación, lo que permite que cada época regale una experiencia muy diferente.

 

 

 

 

Esta caminata tiene un nivel medio en el esfuerzo físico, por lo que es recomendable hacerla con equipo correcto para senderismo y con una buena condición física —el contacto constante con la frescura del agua te regala momentos muy revitalizantes y divertidos, pues algunos cruces de río ofrecen la oportunidad de probar el equilibrio en troncos que se han dispuesto para caminarlos: un reto para aquellos que se resistan a meter los pies al agua.

 

 

Después de la cañada viene el mayor reto físico de la jornada: volver a la parte alta de El Cedral, en una subida pronunciada que se reserva para el último tercio de la ruta; además del esfuerzo en las piernas, la altitud de la zona puede sentirse en cada bocanada de aire, pero la recompensa es una imponente vista panorámica.

 

 

La duración es de tres a cuatro horas, así que es necesario un calzado de trail, un termo con agua y una dotación de snacks que puedan dar energía: nueces, dátiles o chocola tes —aunque es recomendable ir con poco peso en la mochila para aligerar la caminata.

 

 

 

 

Camino del Agua de San Junípero Serra, Arroyo Seco

 

Las rutas de peregrinaje se han vuelto también un elemento esencial para el alimento del alma y la espiritualidad. Sin importar si se profesa o no una religión, la caminata, la contemplación y la presencia absoluta en el hoy y el ahora es una de las formas de meditación en movimiento más recurrentes e inmersivas para el cuerpo y la mente.

 

 

La reflexión que propone el camino y la belleza que invade los sentidos son algunos de los propósitos principales de la ruta del Camino del Agua, un fragmento del Camino de San Junípero Serra, en donde se recorren cerca de 73 kilómetros andando por tres días, desde Arroyo Seco hasta la cabecera municipal de Jalpan de Serra.

 

 

 

 

El camino de esta ruta se antoja para días templados o calurosos, porque una de sus constantes está en los cruces del río Santa María, lo que quizá se convierte en el ingrediente principal y más saboreado de la caminata. La ruta arranca junto al acompañamiento de guías del Museo de Arte Sacro, quienes mes con mes organizan diferentes viajes de senderismo e inmersión, siendo esta ruta de peregrinaje una de las principa les estrellas de su cartelera.

 

 

El recorrido inicia en el Centro de Querétaro y la primera parada es Jalpan de Serra, en donde se pasa la noche en uno de los hoteles de la zona para que en las primeras horas de la mañana del día siguiente te lleven, aún en auto, a Arroyo Seco, en donde la aventura a pie inicia.

 

 

El primer tramo, que comprende cerca de ocho horas de caminata a un ritmo de marcha tranquilo y con sus respectivos descansos, va desde Arroyo Seco hasta San Miguel Concá, en donde la última parada es la misión franciscana del mismo nombre: una imponente muestra arquitectónica que regala un pedazo de historia fundamental en la vida espiritual de la zona serrana. Aunque la llegada es un deleite para la vista y el cuerpo, el camino se goza en cada paso dado.

 

 

 

 

El recorrido lleva por senderos en los que la naturaleza regala a manos llenas su variedad de vegetación; incluso los árboles ofrecen más de un snack para la ruta, pues se pueden encontrar algunas frutas durante el camino. Es quizá la inmensidad y los deslumbrantes tonos de verde, o la potencia mezclada con la tranquilidad del cauce del río, o la imponen te combinación de todo, lo que hace que la caminata se disfrute profundamente. Esa noche se pasa en un hotel de Concá, que de premio regala una tarde de alberca para relajar el cuerpo y una noche de sueño reparador.

 

 

El segundo día inicia al amanecer, con la mochila de marcha al hombro, y cubre un tramo que comprende de Concá a Purísima de Arista, alrededor de ocho horas caminando. Con un día a cuestas, la expectativa aumenta y la caminata no defrauda en lo más mínimo. El día dos lleva a Las Adjuntas, ese punto en donde el río Santa María se une con el río Ayutla para emprender camino juntos —el tiempo del recorrido está estimado para hacer una pausa prolongada en esta zona y sumergirse en el agua fresca.

 

 

La segunda estrella destacada son las cazuelas del día: tanto el desayuno como la comida corren a cargo de las cocineras tradicionales de la Sierra, y es que su deliciosa gastronomía se ha hecho famosa en el estado, e incluso fuera, y en esta ocasión sus guisos con tortillas hechas mano, la sal sita molcajeteada, el queso de rancho y más platillos puestos a la mesa nos demuestran, con creces, por qué comer en la Sierra es un regalo.

 

 

 

 

Al tercer día el cuerpo ya tiene ritmo y se despierta al primer albor de la mañana; el trayecto va de Purísima a Jalpan de Serra. En este punto, abundan sentimientos encontrados, típicos en las caminatas largas, en las que existe una satisfacción plena de ver cómo el cuerpo responde a días intensos de esfuerzo físico: por un lado, la expectación por la llegada a la meta incrementa la alegría y, por el otro, saber que el fin se avecina crea una nostalgia que le imprime un goce especial a la caminata del día.

 

 

La presencia de agua, constante a lo largo del trayecto, nunca nos aban dona. Al final se nos regala a simple vista la inmensidad de las raíces de una serie de árboles ancestrales que escoltan el cauce del río por un amplio tramo. La ruta termina en la Misión Franciscana de Jalpan de Serra, justo el punto donde arrancó la aventura: ahí, dentro de la capilla dedica da a este fraile, se agradece por estos días vividos y se cierra este camino, que dejará una huella permanente al interior de cada uno.

 

 

 

 

 

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