LA RUTA ARQUEOLÓGICA QUERETANA
En CULTURA
Querétaro, conocido por sus monumentos históricos, casonas antiguas, calles de cantera rosa, monolitos y viñedos, ofrece una riqueza patrimonial más allá de la época virreinal, como las zonas arqueológicas de diversos grupos culturales. Las investigaciones realizadas por los arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia en Querétaro se han centrado, principalmente, en tres grupos prehispánicos: los toltecas, en el municipio de Corregidora; los serranos, en los municipios de San Joaquín y Cadereyta; y los huastecos queretanos, en el municipio de Jalpan. Visitar Querétaro invita a ampliar la estadía para recorrer la ruta arqueológica, que consiste en la visita a zonas abiertas al público. Recorrer los sitios prehispánicos permite conocer los altares, las plazas, los juegos de pelota o los grandes basamentos piramidales de estos grupos culturales que dan identidad y memoria a las comunidades que los resguardan.
TRAZO, RUTAS
Rutas comerciales como el Camino Real de Tierra Adentro, que conectaba el Valle de México hacia Nuevo México, recorrió diversos estados de la república desde inicios del siglo XVI y hasta el XIX, cuyo objetivo principal era transportar plata, pero también creó vínculos sociales, culturales y religiosos. Esas mismas rutas fueron trazadas cientos de años antes por los grupos culturales que se asentaron a lo largo del territorio. Eran caminos que recorrían personas especializadas en el comercio de mercancías y rutas sagradas por donde había peregrinajes con fines religiosos, de migración o para honrar a los dioses con ofrendas que se llevaban a importantes asentamientos mesoamericanos.

En la historia prehispánica, el territorio de Querétaro es conocido como el Centro-Norte de México, el cual fue ocupado por grupos culturales como los otomíes, nahuas, tarascos, pames y jonaces. Los primeros asentamientos agrícolas, a orillas del río San Juan y en el valle de Querétaro, recibieron el impacto y la presencia del estado teotihuacano (más tarde se percibe la clara influencia tolteca en la zona arqueológica El Cerrito). Por otro lado, en la Sierra Gorda, los pobladores fueron grupos que tuvieron rasgos culturales propios y que son representativos de las zonas arqueológicas de Ranas, Toluquilla, Tancama y San Rafael. En esta área la actividad principal era la minería, de donde se extraía el cinabrio, que era utilizado en ceremonias rituales.
DÍA UNO: EL CERRITO
A tan solo siete kilómetros del centro de la capital de Querétaro, en el municipio de Corregidora, se encuentra la Zona Arqueológica El Cerrito, importante centro ceremonial que recibió la influencia de diversas culturas, especialmente de la tolteca, y que estuvo rodeado de asentamientos y habitaciones semidispersas. Su época de apogeo fue del 900 al 1200 d. C. Luego pasó a ser un importante santuario venerado por peregrinaciones que llegaban desde lugares distantes, de donde procedían las materias primas y mercancías encontradas como ofrendas, depositadas en diversos altares de este importante sitio. Fuentes franciscanas señalan que hacia 1632 los indígenas continuaban ofrendando a las deidades prehispánicas en los altares del sitio. Además, transitar por los más de 1400 metros de senderos permite conocer la diversidad de matorrales y mezquites, así como la fauna que habita esta isla verde, enclavada en la zona urbana.

El visitante, a su entrada a la zona, puede observar los vestigios de la Sala Roja, siguiendo por la plaza de los malacates, antes de tomar el camino que lleva al Museo de Sitio, el cual resguarda 173 piezas integradas por cerámica, remates arquitectónicos, braseros, esculturas en piedra, figurillas y sellos de barro, entre otros. En sus cuatro salas de exhibición, se narran los antecedentes del asentamiento tolteca, su construcción como centro ceremonial, la relación entre arquitectura y escultura, así como las diversas ofrendas depositadas en el sitio. Su jardín interior ofrece una interpretación del plano terrenal tal como lo concebían, el cual se dividía en cuatro rumbos, sostenido por igual número de árboles cósmicos, por lo que el diseño está determinado por las ceibas, los mezquites, los magueyes y las palmas.
Desde el vestíbulo del museo, se pueden tomar fotos espectaculares en donde se destaca la fachada y la monumentalidad del basamento piramidal (una sugerencia es visitar la sala de exposiciones temporales que cada año cambia el tema de exhibición). Siguiendo por el sendero arqueológico se encuentra el Altar de Obsidiana y más adelante la Plaza de la Danza, llamada así por ser el espacio en donde se realizaba esta actividad en honor a las festividades de la Virgen del Pueblito décadas atrás.
El basamento piramidal es la estructura estelar, por su monumentalidad. Tiene una altura de veintiocho metros, formada por trece cuerpos escalonados, y cuenta con ochenta y tres metros por lado en su base; en la parte superior, tiene una construcción histórica edificada en 1886 por el hacendado de la región, la cual utilizó como casa de campo. En las columnas oriente se pueden ver cuatro altares de dimensiones pequeñas, en donde fueron encontrados cuatro braseros con tapa, en cuyo interior se quemaron ofrendas. Frente a estos vestigios hay unas escaleras que conducen a la Plaza de las Esculturas, donde se realizaban ceremonias colectivas. Al final del recorrido hay un altar en donde se encontró una ofrenda de más de cincuenta cráneos de individuos adultos, probablemente guerreros de linaje.
A la salida del sitio, por la calle Pedro Urtiaga, a unos pasos está el centro de El Pueblito, en donde, además de conocer la basílica menor en la que se venera a la Virgen del Pueblito, se puede consumir comida local o refrescarse con ricas nieves. Es recomendable aprovechar la visita a Corregidora y seguir conociendo su pasado en recintos locales como el Museo Anbanica de Historia o el Museo Rubén González, Arte Tradición y Fe.
DÍA DOS: RANAS Y TOLUQUILLA
Al día siguiente, de madrugada, hay que tomar carretera rumbo a la sierra queretana, hacia el municipio de San Joaquín, en donde el clima cambia debido a sus bosques de encino que lo vuelven más fresco y en el que se puede ver diversidad de montañas, cañones y ríos. A tan solo tres kilómetros de la cabecera, se encuentra la Zona Arqueológica de Ranas. Su importancia radica en la economía sustentada en la minería subterránea del cinabrio, sulfuro de mercurio de color rojo muy valorado en la época prehispánica como pigmento para murales, objetos ceremoniales y rituales funerarios.
Una característica importante de Ranas es su posición estratégica, de donde se pudo establecer el control visual regional. Su asentamiento poblacional ocupó dos cerros en donde se establecieron cuatro sectores: el religioso, que contiene las canchas de juego de pelota; el de las funciones políticoadministrativas propias de una acrópolis; la meseta en dirección norte, donde se asientan unidades habitacionales y plataformas habitacionales; y la sección en donde está el único paso natural a los cerros, lugar de las habitaciones de élite con espacios productivos dedicados al proceso y manejo del cinabrio. Las estructuras expuestas al público contemplan las áreas religiosas y la acrópolis. En el recorrido destacan las dos canchas del juego de pelota que están a la entrada y en la cima de la montaña. El espacio cuenta con diversos conjuntos monumentales
desde donde se puede visualizar la Zona Arqueológica de Toluquilla y el poblado de San Joaquín; destacan las escaleras semicirculares adosadas a las banquetas de las edificaciones, elementos arquitectónicos propios de la región. El asentamiento de Ranas contaba con una traza planificada del año 300 al 1300 d. C., el cual tuvo pocas modificaciones, lo que sugiere que esta población no fue conquistada por otros grupos ajenos a la Sierra Gorda.
Al medio día es recomendable tomar carretera para visitar la Zona Arqueológica de Toluquilla, que se encuentra a tan solo trece kilómetros de San Joaquín por la carretera federal 120. Poco antes de llegar, al ascender por diversas rampas y escalones, se pueden admirar las cañadas que rodean el cerro, que dieron esa posición estratégica para el control de la circulación, usado a su favor en la época prehispánica.
Toluquilla se caracteriza por ser un sitio bien conservado en el cual es posible recorrer sus calles, callejones y edificios enmarcados por enormes puertas. La visita en la actualidad comprende el vestíbulo en donde se encuentra el área de registro y una plaza rodeada por seis habitaciones, dos juegos de pelota, un conjunto habitacional, el área de la magueyera (donde se sembraron magueyes para la producción de pulque) y un imponente templo. Vivió dos grandes épocas: la primera, del 300 a. C. al 600 d. C., y la segunda, de mayor crecimiento, del 600 al 1350 d. C. En este sitio prehispánico vivían los sacerdotes y personas relacionadas con el culto; el resto de la población lo hacía en los caseríos de los alrededores. Su organización social fue jerárquica y se especializó en la obtención de pigmentos minerales, como el cinabrio o granate (sulfuro rojo mercurio) y el almagre (óxido de hierro).
San Joaquín ofrece otro tipo de atractivos, como las Grutas de los Herreras, el Museo Arqueológico y Minero o bellezas naturales como las Cascadas Maravillas o el Durazno. Uno puede pernoctar en este Pueblo Mágico en hoteles, cabañas o en el área de acampado del Parque Nacional Campo Alegre.
DÍA TRES: TANCAMA
El recorrido continúa, al día siguiente, hacia el municipio de Jalpan —Pueblo Mágico en donde se encuentra una de las primeras misiones franciscana de la Sierra Gorda—; a tan solo catorce kilómetros, sobre la carretera hacia Xilitla, se encuentra la población de Tancama, enclavada en el corazón de los Valles de la Sierra Gorda, donde se localiza el sitio arqueológico que recibe el mismo nombre y cuyo periodo de ocupación fue del 200 al 900 d. C.
La zona arqueológica está conformada por tres plazas principales: El Mirador, en donde se encuentran las estructuras de mayor dimensión; la Plaza Santiago, en el que están distribuidos edificios como el de las mariposas de cobre, el más alto del lugar; y La Promesa. En este sitio prehispánico también se encuentra una cancha de juego de pelota que mide dieciocho metros de largo. Los nombres de los edificios corresponden a los objetos recuperados en las excavaciones, como anzuelos de cobres, culebras azules o agujas manufacturadas con espinas de mantarraya.
Aprovechando la estancia en Jalpan de Serra, es recomendable visitar las Misiones Franciscanas de Santa María del Agua, en el municipio de Landa de Matamoros, a trece kilómetros de Tancama, y la de San Francisco de Asís del Valle de Tilaco, a veintiséis kilómetros. Alrededor de Jalpan se encuentran diversos atractivos culturales y naturales, como el Museo Histórico de la Sierra Gorda, la cascada de Chuveje o el Sótano de Barro.