Caminatas urbanas breves, un contrapunto
En Tip Asomarte
Si se sustituye el verdor que rodea los senderos y en su lugar se colocan semáforos y señaléticas, edificios históricos y otros elementos de la ciudad, el paseo cambia en ritmo y la experiencia se trastoca sin renunciar a ser singular. A veces pareciera que hacen falta motivos para caminar en la ciudad, así que proponemos tres puntos turísticos y sus rutas —de no más de una hora— para tener un pretexto; no basta con llegar, sino hacer de ese arribo un remate, el final de un camino.
Los Arcos de Querétaro desde los resquicios verdes que lo rodean
La caminata puede comenzar en el Parque de Carretas, uno de los pulmones verdes de la ciudad, rodearlo y después callejear por sus vías empedradas en dirección a la Plaza de los Arcos (un sitio desde el cual se puede obtener una de las fotos más emblemáticas del acueducto).

Después se puede caminar por la Calza da de los Arcos, de vez en cuando alzar la vista, admirar su altura, tomar un respiro en el Parque Bosques del Acueducto, dirigirse por las calles de Jardines de Querétaro, atravesar Circunvalación y subir hasta el Mirador de los Arcos. Una caminata breve, de no más de una hora, que culmina con la posibilidad de admirar el contraste entre esta imponente y monumental construcción en contraste y el skyline de la ciudad que se adivina en los cerros que están detrás de él.
Cerro de las Campanas emulando el paso de un emperador
A unos pasos del Jardín Guerrero se encuentra el Museo de la Restauración de la República, donde los objetos y maquetas en exhibición cuentan lo que significó el Sitio de Querétaro para el futuro del país y en el que tam bién hay una réplica de la celda donde pasó sus últimos días Maximiliano de Habsburgo.
No hay mejor ugar para continuar esta ruta que el Museo de la Ciudad, un sitio en el que hoy, a pesar de que ahora en sus muros se cuelgan cuadros y en varios salas y foros suceden talleres, conciertos y funciones de teatro, fue parte del antiguo convento (en él se halla una placa que habla de las últimas horas de vida de Maximiliano).

Al salir, se puede dirigir hacia el Cerro de las Campanas, simulando la ruta que hizo el emperador el día de su fusilamiento, para conocer este parque y disfrutar de las vistas de la ciudad desde él, acudir a la Capilla de Maximiliano —construida por Austria a inicios del siglo XX para conmemorar su muerte—. Hoy en día, varias de las calles que conectan estos dos puntos de la ciudad refulgen de nueva vida: librerías independientes, cafeterías de especialidad, bares donde dilatar la tarde.
Cruzar dos trazas
Si se mira el Centro Histórico desde un plano cenital, se observarán las dos trazas que lo componen, la enrevesada mestiza y la rectilínea de corte colonial. Se puede cruzar a través de ellas comenzando en la Plaza Fundadores, y descender por las callejuelas que desembocan en la Plaza de Armas, para después dirigirse por sus andadores y atravesar sus plazas, como el Jardín Zenea y Jardín Guerrero, hasta llegar a la plazuela Mariano de las Casas, y rematar el paseo admirando la fachada del templo de Santa Rosa de Viterbo. Una caminata de no más de treinta minutos que sin embargo contiene siglos de esplendor en ella.