El Gómez Morín

En CULTURA

Por: Andrea Elizondo

 

 

Una niña hojea un cuento en la Biblioteca Infantil mientras, a unos metros, un grupo de adultos mayores toma una clase de computación. En otra sala, jóvenes aprenden a utilizar herramientas de inteligencia artificial y diseño digital. Afuera, entre los jardines, estudiantes descansan sobre bancas antes de volver a clases mientras una familia recorre las galerías donde se exhibe el trabajo de artistas queretanos. La escena podría pertenecer a cualquier día de la semana en el Centro Educativo y Cultural del Estado de Querétaro (CECEQ) Manuel Gómez Morín.

 

 

 

 

No se trata de un evento extraordinario, sino de la vida cotidiana de un recinto que, más de dos décadas después de su inauguración, sigue funcionando como uno de los principales puntos de encuentro entre la educación, la cultura y la convivencia en la capital queretana. Este 23 de septiembre, el Gómez Morín —como se le conoce más habitualmente— celebra veintitrés años de existencia. Un aniversario que llega en un momento en el que el espacio no solo busca conservar el lugar que ha ocupado desde su apertura, sino redefinirse para responder a una ciudad, una comunidad, y unas formas de aprender que han cambiado profundamente.

 

 

«Seguimos te niendo la misma vocación que marca nuestro decreto de creación: incenti var la educación y la cultura. Sin em bargo, hemos tropicalizado nues tros servicios y nos hemos adaptado a los nuevos tiempos. Hoy todo también es digital; nos hemos modernizadoporque no podemos quedar atrás», afirma su directora, Beatriz Aguilera Becerril, en entrevista con Asomarte.

 

 

Un edificio que acompaña el ritmo de la ciudad

 

 

 

Pocas instituciones culturales ocupan un punto tan estratégico dentro de Querétaro. Ubicado en el cruce de avenida Constituyentes y la calle Luis Pasteur, junto a la estación más importante del sistema QroBús, el complejo recibe diariamente a personas que llegan caminando, en bicicleta, automóvil o transporte público. Según datos de movilidad citados por su directora, alrededor de un millón de personas transitan cada mes por esa esquina. Pero no todos siguen de largo. Entre cuarenta y cincuenta mil personas cruzan cada mes las puertas del recinto para consultar las bibliotecas, asistir a talleres, visitar exposiciones o participar en alguna de las actividades que alberga el centro. 

 

 

 

—Hoy en día Gómez Morín está vivo, mañana, tarde y noche —resume la directora.

 

 

Renovarse sin dejar de ser biblioteca

 

Cuando Aguilera asumió la dirección del CECEQ a finales de 2025, encontró un equipo consolidado y un espacio ampliamente reconocido por la ciudadanía. El reto, dice, consistía en fortalecerlo sin alterar su esencia. Las primeras acciones estuvieron dirigidas a la infraestructura: nuevos sistemas de audio, una pantalla monumental en el acceso principal, mobiliario para jardines y áreas de descanso, además de diversas mejoras que buscan hacer del recinto un espacio más habitable.

 

 

«La dignificación de los espacios fue uno de los primeros pasos. Queríamos que la gente no solamente es tuviera dentro de la biblioteca, sino que también disfrutara los jardines y permaneciera aquí», menciona. Después vino la revisión de la oferta educativa: los cerca de cincuenta talleres que existían crecieron hasta sumar sesenta y cuatro opciones, incorporando idiomas, lengua de señas mexicana y nuevas propuestas vinculadas con habilidades digitales. La biblioteca sigue siendo el corazón simbólico del Gómez Morín, pero hoy comparte protagonismo con aulas donde se enseñan inteligencia artificial, Canva, seguridad digital y uso responsable de dispositivos móviles. Y de acuerdo con Aguilera Becerril son, paradójicamente, algunos de los cursos con mayor demanda.

 

 

 

 

«Cada vez que abrimos convocatoria se llenan en dos días», explica. Incorporar estos contenidos no significa abandonar la vocación original del recinto, sino ampliarla, enfocarse «en los temas de hoy». Una actualización que ha ido de la mano con una visión más incluyente. Aguilera recuerda el caso de Beatriz, una usuaria con discapacidad visual que asiste de manera constante a los cursos de informática. Aunque el centro no cuenta con teclados braille, aprendió de memoria la distribución del teclado convencional.

 

—Cada vez que entregamos reconocimientos la veo ahí. Nos hemos vuelto también incluyentes, y eso es muy importante. 

 

 

El regreso después del silencio

 

 

Como todos los espacios culturales, el Gómez Morín tuvo que detener actividades durante la pandemia por coronavirus. Sin embargo, el regreso fue más rápido de lo esperado. La gente buscaba regresar, y poco a poco el centro retomó actividades. La reactivación también modificó el perfil de sus públicos. Además de estudiantes y familias, hoy el recinto recibe a grupos de personas mayores que participan en talleres de memoria, computación, tejido o actividad física.

 

—Hemos ido por la generación zeta, por los milénials, por los adultos mayores... Queremos que sea un espacio para todos.

 

 

 

 

Un aniversario que mira hacia adelante

 

 

Los festejos por el aniversario número veintitrés incluyen una semana de actividades especiales, aunque la celebración rebasa la efeméride y representa la oportunidad de recordar por qué un espacio de estas características sigue siendo necesario en una ciudad que crece con rapidez y donde las formas de aprender y relacionarse cambian constantemente.

 

 

 

 

—Las actividades que tenemos son para todas las edades. Trabajamos en la educación de las personas para su desarrollo personal, escolar y laboral. Quizá esa sea la mejor manera de entender los veintitrés años del Gómez Morin. No como un edificio que resiste el paso del tiempo, sino como un lugar que ha aprendido a cambiar con él.

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