Cuatro Rutas de museos

En RUTA

Ruta 1

Sierra Gorda

 

La Sierra Gorda es una de las regiones queretanas donde al día de hoy todavía se puede percibir en su gente, paisajes y edificios el intercambio cultural que sucedió durante el Virreinato. Como escenario principal de la identidad serrana y la cultura huasteca queretana, aquí se concentra el mayor número de museos comunitarios del estado. Todos sirven como espacios para seguir reflexionando las expresiones artísticas de los pueblos originarios que siguen habitando esta zona. Pueden visitarse mientras se recorren las misiones franciscanas y los atractivos naturales de la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda; conocerlos complementa el viaje: nos adentra a los periodos históricos de lugares como Tancoyol, Tilaco, Landa de Matamoros y Pinal de Amoles.

 

Esta vez nos concentramos en los museos comunitarios que hay en Pinal de Amoles y Jalpan de Serra, que sirven como punto de inicio para adentrarse en el territorio serrano.

 

Pinal de Amoles, aproximadamente a dos horas y media en coche desde la ciudad de Querétaro, es unpintoresco pueblo rodeado por un frondoso bosque con mucha neblina, y entre sus calles y casas con techos de teja se encuentra el Museo Comunitario Tomás Mejía, que aborda las luchas agrarias y libertarias del siglo XIX, donde fue protagonista el general Tomás Mejía —que en 1867 fue fusilado junto a Miguel Miramón y el emperador Maximiliano en el Cerro de las Campanas. En su interior se alberga también una revisión histórica de la región: desde el pasado prehistórico hasta el Virreinato, pasando por las culturas precolombinas y los procesos de conquista espiritual y armada.

 

Desde Pinal de Amoles, en coche, se hace aproximadamente una hora hasta Jalpan de Serra, punto de partida de una de las rutas con mayor riqueza cultural y natural en el centro de México. Desde ahí, hay que desplazarse hacia Tancoyol (un viaje de aproximadamente una hora), donde se encuentra el Museo Comunitario Pame Xi’oi, el cual reflexiona la cultura de los pames (uno de los pueblos originarios que habitaron esta zona de Querétaro y San Luis Potosí).En su interior hay utensilios históricos, artesanías de barro y palma y otros objetos que cuentan los orígenes de la comunidad.

 

La Sierra Gorda es inmensa, y en ella hay más museos comunitarios por descubrir: el Museo Comunitario Tesoros de Nuestra Historia, en Agua Zarca; el Museo Comunitario Crónica y Arte Agropecuario de la Sierra Gorda, en Landa de Matamoros; el Museo Comunitario Real y Minas de las Escanelas, en San Pedro Escanela; y el Museo Comunitario Ex Convento de Bucareli, en un anexo que solía ser parte del antiguo convento de Bucareli: un edifcio franciscano del siglo XVIII, con una sobria arquitectura en ruinas, al fondo del cañón del Extoraz —un sitio único que vale la pena visitar si pasas un fin de semana en Pinal de Amoles.

 

La Sierra Gorda, con toda su riqueza, ofrece decenas de rutas y atractivos, pero solo recorriendo sus museos comunitarios uno descubre en primera persona, y desde la voz de las comunidades, cómo se ha construido la identidad serrana.

 

* Encuentra más detalles sobre estos museos en nuestra edición impresa. 

 

 

Ruta 2

San Joaquín

 

Además de la visita a los tradicionales lugares turísticos del municipio, como son las zonas arqueológicas de Ranas y Toluquilla y las grutas de Los Herrera, se puede visitar el Museo Comunitario Mineral de San Joaquín. De Querétaro a San Joaquín se recorren 132 kilómetros.

 

A dos horas y media de Querétaro, hacia el noroeste del estado, está San Joaquín. Es una zona conocida por su vegetación boscosa: pinos, encinos, cedros, fresnos, robles y madroños. En medio de ese paisaje, con un clima que suele ser húmedo y templado, se encuentra un pueblo pintoresco con casas coloridas, conocido sobretodo porque aquí se realiza cada mes de abril el Concurso Nacional de Huapango Huasteco.

 

Pero San Joaquín no es solo famoso por su cultura huapanguera, también alberga una de las zonas arqueológicas mejor conservadas de Querétaro: las Ranas, un antiguo asentamiento prehispánico, con su apogeo entre los siglos VII y XI.

 

San Joaquín cuenta con un museo, ubicado en el pueblo, arriba de la Casa del Artesano: el Museo Comunitario Mineral de San Joaquín, enfocado en mostrar y reflexionar la cultura del huapango, de la minería y la antropología que han marcado la identidad cultural de sus habitantes. De su colección destacan metates para molienda de minerales, vasijas que servían para envasar cinabrio y almagre, la vestimenta típica de las seis regiones huastecas e instrumentos relacionados al huapango. En total, aquí se exhiben ciento sesenta piezas que cuentan la historia del lugar: desde los tiempos precolombinos hasta el siglo XX —algunas de estas piezas tienen más de mil años de antigüedad, fueron halladas en minas que operaron en la época prehispánica.

 

 

Ruta 3

El semidesierto

 

El semidesierto queretano es la región donde más permanecen las tradiciones indígenas del estado: los pueblos que siguen habitando esta zona casi desértica han conservado un conjunto de tradiciones y rituales que están íntimamente relacionados con la topografía y el medioambiente: las capillas familiares donde se recuerda a los antepasados, la elevación de los chimales —altas estructuras temporales construidas con carrizo y decoradas con plantas silvestres— que sirve como ofrenda para un año de abundancia y buenas cosechas. Por este valioso vínculo entre lo espiritual y el espacio físico, las tradiciones vivas de los otomí-chichimecas de Tolimán fueron declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2009.

 

Tolimán, la comunidad donde se concentran buena parte de las tradiciones del semidesierto, se encuentra a menos de hora y media en coche de la ciudad de Querétaro, pasando el pueblo de Bernal. Cerca de ahí está la comunidad de San Miguel Tolimán.

 

Ahí se puede visitar el Museo Comunitario Ya Nfadi Ya Ñohño (significa «Los conocimientos de los otomíes» en ñäñho). El recinto, ubicado en el centro de la comunidad, en un edificio que solía ser una escuela primaria y luego fue adecuado con la ayuda de maestros y vecinos, consta de cuatro salas permanentes donde se exhiben instrumentos de labranza, vestimentas tradicionales y otros objetos relacionados con la gastronomía, las tradiciones y las costumbres del pueblo otomí.

 

A una hora de Tolimán, atravesando el semidesierto queretano, está Colón. Aquí se encuentra el otro museo de este tipo: el Museo Comunitario de Colón, en donde se exponen trajes típicos de la zona, fotografías de distintas épocas, monedas antiguas, piezas arqueológicas y herramientas de oficios artesanales. Su objetivo es preservar distintos momentos históricos que atravesaron a la comunidad: el desarrollo de las culturas prehispánicas, la época colonial, la Independencia y la Revolución mexicana. Si el viaje se está realizando por más de tres días, recomendamos la experiencia de acampar y disfrutar del ecoturismo que hay en Pinal del Zamorano, cabecera municipal al oeste de Colón. Por supuesto, este viaje por el semidesierto debe incluir un acercamiento a la gastronomía con mayor influencia prehispánica de Querétaro; el pan de pulque, las tantarrias asadas al comal (hormigas de mezquite) y los guisos a base de garbanzo.

 

La cultura materializada: el levantamiento del Chimal

 

Si se quiere vivir una experiencia totalmente inmersiva a la cultura de las comunidades del semidesierto, recomendamos visitar el semidesierto durante la celebración del levantamiento del Chimal, la cual se realiza cada 27 de septiembre en el pueblo de San Miguel Tolimán. Esta fiesta patronal transforma al pueblo en un auténtico jolgorio donde la cultura «inmaterial» se materializa en bailes, puestos de comida, cuetes, música y peregrinaciones. Todo lo que se exhibe adentro del Museo Comunitario Ya Nfadi Ya Ñohño se desborda en las calles y plazas.

 

 

Ruta 4

Sur del estado.

 

Hacia el sur de la ciudad de Querétaro, en el municipio de Corregidora también existen comunidades que preservan su memoria local en museos comunitarios. De todas las rutas, esta es la que queda más cerca de Querétaro, puede realizarse en un solo día dada su cercanía a la Zona Metropolitana de Querétaro.

 

Se puede comenzar por El Pueblito: la cabecera municipal y zona más tradicional de Corregidora. A pesar de estar rodeada de centros comerciales, zonas residenciales, hoteles y una creciente zona empresarial, preserva su historia en sus barrios tradicionales, el Santuario de la Virgen de El Pueblito —patrona de Querétaro—, la pirámide El Cerrito —con un museo de sitio— y el Museo Comunitario Severiano Hernández González. Este espacio creado por los locales alberga piezas prehispánicas, objetos de capillas de indios y máscaras que sirven como testigos del pasado prehispánico y el mestizaje de tradiciones que sucedió con la llegada de los evangelizadores españoles. Además, el museo funciona como un centro cultural en el que se realizan diversos eventos y se trata de mantener la cultura viva.

 

El Pueblito es una gran forma de adentrarse a las tradiciones de las comunidades queretanas: fácil de llegar y una verdadera burbuja cultural en medio de la ciudad, sobre todo si coincide con alguna celebración; los locales suelen realizar peregrinaciones, bailes, comidas y, en general, grandes fiestas comunales.

 

En el municipio de Huimilpan, a 35 kilómetros de la capital, se localiza el Museo Comunitario de San Pedro Huimilpan, donde se encuentran restos paleontológicos y piezas arqueológicas. En Huimilpan se encuentran algunas presas como la de San Pedro, donde se puede acampar o bien realizar una carne asada. 

 

Varios de los objetos que se exhiben en la vitrina de los museos comunitarios forman parte del folclor actual y, en ciertos días de celebración, se puede ver su uso dentro de las festividades de una comunidad. Esta ruta de museos que se propone no pretende nada más recorrer cuatro paredes de exhibición, sino también motivar a descubrir las comunidades que existen fuera de esos recintos culturales: vivir el folclor en primera persona, pero también analizarlo, reflexionar su origen y su evolución a través de los siglos. ¿Por qué los danzantes llevan cierto tipo de traje típico? ¿Por qué un platillo es tradicional de esa zona? ¿Por qué se rinde culto a un santo? Muchas veces, las respuestas a estas preguntas están en estos pequeños museos inmersos en las comunidades. Al hacer alguna de estas rutas, uno descubre que los museos comunitarios son, más que un espacio de exposición, pequeñas iniciativas dedicadas a investigar y recopilar el pasado de una comunidad desde su memoria colectiva. En ellos se albergan las historias que no aparecen en los libros o en las monografías, tampoco en las guías turísticas: los vestigios de una civilización que no está del todo documentada en un museo de arqueología, los rastros comunes entre un habitante de ahora y de hace tres siglos, los relatos orales de los tatarabuelos. Entender este otro lado de la historia nos abre el panorama hacia un entendimiento más personal de Querétaro, sus pueblos y sus tradiciones.

 

 

 

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