CULTURA Festivales de aniversario en Querétaro.

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Este verano, dos de los festivales más longevos del estado cumplen veinte y diez años respectivamente: el Festival de la Joven Dramaturgia y Doqumenta. Ya sea como escaparate para los autores noveles del teatro o para la muestra de parcelas de realidad mediante documentales —y ahora, otras narrativas de no ficción—, ambos festivales han ido consolidándose como dos de los más importantes de su área a nivel nacional. Con tal motivo en Asomarte invitamos a dos de sus organizadoras —Patricia Estrada, codirectora del Festival de la Joven Dramaturgia, y Cristina Bringas, fundadora de Doqumenta— a conversar con Gabriel Hörner, director del Museo de la Ciudad y cómplice de ambos proyectos.

 

Asomarte: ¿Cómo fue que iniciaron ambos festivales con la singularidad de que lo hicieran en una ciudad que no es una capital cultural, como Ciudad de México o Guadalajara, o incluso Xalapa? ¿Cómo fueron sus orígenes?

 

Patricia: El Festival de la Joven Dramaturgia nació hace 20 años. Su primera etapa fue una muestra nacional, cuando las carteleras teatrales eran muy escasas y no existían este tipo de festivales. Surgió por la necesidad que tenían en ese entonces Luis Enrique Gutiérrez Monasterio y Édgar Chías de dar a conocer sus textos; no había una plataforma o un escaparate para mostrar textos de dramaturgos ni tampoco para tallerear y leer los de otros autores.

 

Esa fue la dinámica con la que nació y fue un plus que lo hiciera en Querétaro, que no es una capital cultural —o no lo era, porque creo que ahora también es uno de los lugares que más teatro produce. Con los años fue creciendo hasta convertirse en festival; hasta el momento en el que también empezamos a buscarle un tope de asistencia, porque sentíamos que también tenía sentido generar espacios de diálogo en el momento y llevar a cabo retroalimentaciones, y que hacemos todavía, en las mesas de reflexión.

Cristina: Doqumenta surge como una muestra semanal que se llamaba Martes de Documentales. Mucha de la intención era poder presentar el cine documental periódicamente, porque al principio la gente no sabía qué era un documental, no les importaba; Ambulante tenía poco tiempo de haber iniciado, Netflix todavía no veía la luz aquí en México y mucho menos mostraba documentales.

En ese momento tuve la oportunidad de platicar con la gente de Doctubre Mx,, durante su festival. Lo que hacen es mostrar una selección de películas en muchísimas sedes, y en Querétaro no tenía a nadie que las mostrara. Entonces nos agarramos de ahí como para poder empezar a hacer esta primera muestra. La idea era solo mostrar diez películas en octubre de 2012 y, cuando acabamos, la intención fue seguir otro mes, noviembre, y luego diciembre, luego todo el 2013, y henos aquí en 2022.

 

Mucha de la intención original era tener constancia en las proyecciones; cuando tienes un festival, al menos en los de cine, una vez al año tienes las películas, pero luego pasan otros 350 días y no hay nada hasta el siguiente año. Era muy importante en ese momento ser constantes, que no faltara la programación, para que la gente se interesara por el género transfordocumental.

 

Fue mucho trabajo los primeros meses de la vida de Doqumenta: cada semana presentábamos las películas el día martes en Plaza de Armas, en los portales. Teníamos 48 funciones al año, es decir, casi todas las semanas. Así estuvimos durante varios meses hasta que en algún punto Gabriel Hörner nos abrió las puertas del Museo de la Ciudad y nos permitió tener también funciones los miércoles. Y entonces decidimos transformarnos, hacer primero una muestra y después un festival,

Festival Internacional de Cine Documental.

 

Este año se transforma: ahora será un festival internacional de cine documental y narrativas donde incluimos otras formas de presentar la no ficción, como literatura, periodismo, documental sonoro, etcétera. Expandir las posibilidades de esta visión de la realidad en otros medios. Muchas de estas transformaciones han sucedido por cuestiones circunstanciales. Una de las cosas que nos fue muy útil, sobre todo al principio, fue la formación del público. En los primeros tres años me preguntaban qué eran los cortos, y ya para los últimos meses que estuvimos en la calle la gente llegaba y nos decía específicamente: «¿Cuál es el documental de hoy?». Percibimos ese cambio incluso en la forma de expresarse hacia el cine documental, porque ya podían nombrarlo y la gente ya sabía qué es lo que íbamos a mostrar, razón por la cual ahora también sentimos que se consume mucho más documental aquí en la ciudad.

 

Patricia: Acerca de lo que dices, Cristina, también nosotros vimos ese proceso: cómo la formación de público se va dando de una forma muy especial, cómo la gente se familiariza con lo que es una  lectura dramatizada o de qué trata el festival. Cuando entré a formar parte de esto, me impactaba mucho que el público queretano entendía lo que era una lectura dramática, un formato muy distinto al teatro y que se tenía que valorar de una manera distinta, que no era una puesta en escena terminada, sino que lo que íbamos a escuchar era cómo funcionaba el texto, el mecanismo que se estaba planteando, los temas que se estaban manejando, una cosa muy específica que también tenía un valor a nivel comunidad teatral. Creo que, igual que a ustedes, nos pasó que empezamos a tener una transformación al entender que nosotros éramos un punto de encuentro, de reflexión, de intercambio de poéticas, procedimientos escénicos y planteamientos; no había otro festival en ese sentido a nivel nacional. También lo que nos pasó es que se fue transformando en cuanto a la programación: ahora nosotros en las convocatorias ya tenemos unas líneas más performativas en donde entendemos que los textos no solamente son escritos —algo que sabemos porque nosotros somos seres escénicos y nos dedicamos a esto. No encontrábamos la forma de hacer que entraran estas otras poéticas, y lo que hicimos fue desestructurar para encontrar cómo permitir que todos estos textos no escritos estuvieran presentes, expandiendo un poco estas líneas para buscar tener la dramaturgia no escrita dentro del festival.

 

Gabriel: Aparte de la formación de públicos propios, una característica muy importante en ambos festivales ha sido la formación de cineastas, en el caso de Doqumenta, y de gente de teatro en la Joven Dramaturgia. Para todas estas lecturas dramatizadas, para todas las puestas en escena, se usaba talento local, en el caso con dramaturgia, y, en el caso de Documenta, también había alianzas muy importantes con otros dispositivos de creación visuales. Como dicen las dos, hubo la necesidad de constituirse en festivales por algunos motivos burocráticos, de otra naturaleza, pero yo lo que les quiero preguntar es si los dos son competitivos en este momento. Sé que Doqumenta sí. Por muchos años la Joven Dramaturgia presentaba la ganadora del Premio Manuel Herrera, pero no sé si ahora este sea un festival competitivo. ¿Cuál sería la diferencia específica entre una muestra y un festival?

 

Cristina: Doqumenta ahora solo hace premiación dentro del Programa Chimal, que es toda la programación nacional. Hasta donde yo tengo entendido, las muestras solo presentan los trabajos de forma como «miren, esto es lo que hay», y los festivales sí otorgan premios; aunque no sean económicos, se nombra o se declara algún ganador. Pero hay reservas: por ejemplo, el Festival Internacional de Cine de Toronto entrega solo un premio; el resto es una muestra. No sé en los rubros de las artes escénicas, pero en mi entender eso sería una diferencia, que las muestras no tienen premio y los festivales sí.

 

Patricia: Sí, es igual y entiendo lo mismo. En la Joven Dramaturgia se trata de mostrar el panorama, lo que se está haciendo a nivel nacional: ese ha sido su espíritu incluso cuando se transformó en festival (lo que hicimos fue cambiar el nombre por una cuestión técnica, que era poder concursar en algunas convocatorias que nos pedían que hubiera puestas en escena). Todavía tenemos las lecturas dramatizadas en tanto hecho teatral, un hecho escénico vivo de algo que está ocurriendo y que podemos comprobar.

 

Gabriel: ¿Y no han considerado hacer una premiación? Le serviría a los dramaturgos, por ejemplo.

 

Patricia: Hay varios premios de dramaturgia a nivel nacional, que están muy bien pagados, incluyendo el Premio Nacional de Dramaturgia Manuel Herrera que entrega Querétaro. Nosotros acogimos la premiación del Manuel Herrera porque la Secretaría de Cultura nos daba la encomienda de tenerla; aunque antes, por ejemplo, ellos elegían quién hacía la lectura, ya después nos dieron la facilidad y creo que eso estuvo muy bien, porque de repente había una suerte de desconexión entre la programación y lo que se presentaba con el premio, ya que no se estaban probando con otros directores jóvenes para hacer las lecturas dramatizadas. Nosotros siempre hemos tenido ese espíritu: ir renovando la comunidad a la que le asignamos las lecturas dramatizadas para ver quiénes son los jóvenes directores y los grupos nuevos que están trabajando en Querétaro, ver qué es lo que están proponiendo con los mecanismos de creación al abordar los textos. Tampoco nos hemos concebido como un espacio de competencia, sino más como muestra, como un espacio de intercambio. De repente tenemos textos que no funcionan muy bien todavía o que no están terminados del todo, pero sabemos que estar en ese contexto, ver los trabajos, vivir la semana del festival y tener intercambio con otros creadores les deja mucho a los autores que participan: pueden regresar a su ciudad y empezar otra obra con otra mentalidad, con algo que ya se movió ahí.

 

Cristina: Al final esto es parte del espíritu de los festivales. En realidad, un festival es una fiesta en la que se celebra la actividad, en este caso la dramaturgia o los documentales. Tiene que ver con la celebración de aquello que nos gusta y que compartimos. Y es justamente lo que decía Paty, la oportunidad de convivir es mucho más valiosa que otorgar un premio.

 

Gabriel: Claro, sí, es mucho más importante, pero no está divorciado. Una característica que comparten los dos festivales es que empezaron como propuestas locales para llenar un hueco. Ahora los dos se han convertido en un referente muy importante en México; ahora Doqumenta es uno de los festivales de documental más importantes en México sin duda alguna, y la Joven Dramaturgia no tiene un paralelo, pues no hay ninguno que se le parezca en el país. Y eso se ha logrado realmente en muy poco tiempo, diría yo: diez años y veinte años. Entonces, ¿cuál va a ser la celebración de esta historia de éxito de organismos muy consolidados, muy sólidos y que llaman la atención incluso de manera internacional?

 

Patricia: Yo creo que el Festival de la Joven Dramaturgia, después de la Muestra Nacional de Teatro, es el evento teatral más relevante del país, que ya es muchísimo, ¿no? De una cosa muy nuclear, que empezó muy pequeña, muy concentrada, ya es un festival que tiene mucho referente. Creo que el 80% de los dramaturgos reconocidos en el país han pasado por el festival. Así que queremos celebrar esta emisión con un homenaje a Luis Enrique Gutiérrez Ortíz Monasterio, que acaba de fallecer. Para mí es muy especial cada emisión del festival. Cada vez que digo: «ah, qué difícil ha sido sacar adelante esta emisión», llegamos a Querétaro y como que todo se olvida. 

 

Justamente por esta idea de fiesta, Volver a encontrarnos, volver a ver a los chicos que pasan por ahí, al público que ya conocemos que regresa año con año. Como que todo se borra y te resetea y dices: «sí, claro, para esto lo hacemos». Ojalá que podamos hacerlo porque tenemos una programación muy amplia. Casi el 90% de la programación son chicas. Eso me da muchísimo gusto, y no solamente por el hecho de que sean chicas, sino porque ya tenemos una muy nutrida participación de mujeres, mandando textos, mandando proyectos. Por ejemplo, es la primera vez que participa Jimena Hinojosa, la primera vez que veo un texto de ella, y que la verdad me gustó mucho.

 

Cristina: Nosotros estamos hacienda varias actividades especiales este año. Empezamos hace un par de meses con un programa que se llama «Diez docus, diez años»: vamos a pasar diez documentales, dos por mes. Es un año importante porque estamos teniendo por primera vez un país invitado, Perú. Vamos a hacer un evento dentro del festival, que es una retrospectiva, una celebración de trayectoria, porque Docu Perú cumple veinte años; el Festival Senate de Colima, quince; y nosotros, diez. Entonces viene el director del Festival Senate, una comitiva de Docu Perú y vamos a tener una conversación en el marco de Doqumenta con las celebraciones de los tres festivales. Además de lo de Docu Perú, tenemos una selección que ahorita está alrededor de los cien documentales, y más de la mitad son nacionales. Tenemos un programa nacional robusto este año y, por supuesto, tenemos varias de las líneas temáticas que hemos manejado desde hace ya tiempo: la línea de LGBT, nuestra sección de cine hecho por mujeres, una sección de cambio climático. Y lo más importante en esta celebración es nuestro cambio de vocación para poder aceptar otras narrativas en el festival, como intervenciones de documental sonoro y otras cuestiones que son paralelas a la cinematografía y que nos da mucho gusto también poder incluir.

Otra cosa muy importante a mencionar, aunque no sea como tal del festival, es que en octubre vamos a dar a conocer un proyecto importante, que es la creación del acervo de cine documental queretano. La idea es empezar a generar un acervo que contenga toda la producción documental de la ciudad, empezando con la colección Doqumenta Mx: todos los cortometrajes y las películas realizadas en Querétaro, que hayan sido parte o se hayan inscrito a la programación de Doqumenta en estos diez años. Esta será nuestra primera colección y buscamos seguir expandiendo las colecciones.

 

La celebración es todo el año porque, como decía Paty, son 10 años de estar sacando adelante un proyecto que es muy loable. Diez y veinte años aquí, al pie del cañón, sacando adelante cosas, sobre todo porque nos interesa mucho lo que hacemos. Al final tenemos un profundo amor por el

cine documental, ustedes claramente por la dramaturgia, y creo que lo que más vale la pena es poder seguir abriendo estos espacios.

 

Gabriel: Todos son esfuerzos heroicos, diría yo, por seguir sosteniendo estos eventos, porque no es fácil. Lo que me gusta mucho de Doqumenta —que ya más o menos se ha esbozado aquí— es que creen en el poder transformador del documental. Ese sentido se establece en líneas temáticas

que les parecen importantes en la actualidad y que se dirigen a públicos específicos también. Esto segundo no es muy común en una cultura festivalera. Y en el caso de la Joven Dramaturgia, se señala cómo ciertos movimientos se gestionaron ahí.

 

Patricia: Semillero de creadores que bien pueden ir de la narratología escrita o de la escena a la dramaturgia, es decir, a las posibilidades de la escena. Sabemos que son infinitas y en ese sentido cada año, o cada cierto tiempo, también vemos cómo todo se va dirigiendo a otros lugares, como van cambiando las poéticas y las maneras, los modos de hacerlo. Una vez al año es el momento justo para reunirnos y ver qué es y hacer como ese corte de caja.

 

Cristina: Temáticas LGBT que cada vez están ampliándose más, porque sabemos que es un tema importante en la actualidad y que además tenemos nuestro público que se ha ido cosechando justo en este rubro, por mencionar algunos de ellos. Creo que además de esto, en nuestro caso, con la circunstancia pandémica y sanitaria, nos obliga mucho a pensar o repensar en este poder transformador que tiene mostrar la realidad. Nacimos como festival y nos sigue interesando, nos encanta el cine, pero al mismo tiempo hay muchas otras formas de mostrar esta realidad. A nosotros la cuestión del encierro nos tocó las fibras, respecto a que estábamos demasiado tiempo viendo una pantalla, pero hay muchas otras formas de aproximarnos a las reflexiones de la vida misma y de la no ficción.

 

Gabriel: ¿Cuántas personas trabajan durante todo el año para cada uno de los dos festivales y cuántas durante el transcurso del festival?

 

Patricia: Nosotros somos cinco. Cinco personas que estamos trabajando todo el año. Y durante el festival se suman los becarios y se suma la gente del foro, la gente del museo, otras diez personas más o menos trabajando en la logística, más los grupos que siempre tenemos, entre cinco y ocho

queretanos que están en cada una de las lecturas y puestas en escena. Es un festival que tiene mucho tránsito de gente, aunque sea nuclear. Somos cinco quienes estamos trabajando todo el año en la gestión, pero al momento del festival pasan, mínimo, entre cien diariamente.

 

Cristina: De equipo base, nosotros somos entre dieciocho y veinte personas, que trabajamos voluntariamente todo el año. Ya para el evento, regularmente somos unos cien y pico, considerando voluntarios, servicio social y otras personas que se involucran.

 

Asomarte: Gabriel, ¿algún recuerdo en particular que tengas de estos festivales? ¿Por qué te parece importante acogerlos?

 

Gabriel: Siempre buscamos que el Museo de la Ciudad sea un instrumento muy flexible para este tipo de propuestas, para cosas que son importantes para la población y para el diálogo entre las prácticas artísticas locales, nacionales e internacionales. Eso es algo que siempre hemos cultivado. Y estos festivales son de las joyas de la corona que han estado pasando a lo largo de tantos años. Nos da muchísimo gusto verlos. Nos da muchísimo orgullo haber sido sede de los dos y ayudar de todas las formas en que podemos. Ojalá pudiéramos ayudar más, ojalá tuviéramos un presupuesto.

 

Cristina: Esto va a sonar muy mal, porque claro, el dinero es esencial, pero, si la gente —es decir, las instituciones o sus representantes— no confiara en los proyectos, pues a lo mejor no existirían: necesitamos el apoyo de personas como tú y de lugares como el Museo de la Ciudad y como tantos otros que nos han abierto puertas para poder sacar adelante un proyecto de esta naturaleza. Si no, no tendríamos espacios.

 

Patricia: Gracias infinitas, Gabriel no sabes también todo lo que es para nosotros el Museo de la Ciudad, todo el festival prácticamente sucede ahí y nos acoge con mucho amor, con mucha pasión, siempre con la disposición de vernos transitar, dialogar y estar festejando año con año en que podemos seguir haciendo teatro y podemos seguirnos encontrando.

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