La patria limitada a una mesa

En TURISMO

Podríamos decir que las terrazas a veces operan como esos cafés de los que George Steiner escribió: «Una taza de café, un vaso de vino, un té con ron franquean el paso a un local donde se puede trabajar, soñar, jugar ajedrez o simplemente pasar el día cómodamente. Es el club del espíritu y la “lista de correos” de los que no tienen domicilio». Tanto los pubs ingleses como los cafés parisinos o los bares americanos, sostiene Steiner, poseen un aura y una mitología particulares; quizá algo semejante podríamos decir de las mesas al interior de las cantinas o de las mesas exteriores de bares y restaurantes, que tienen su propio talante. Para Steiner la patria se limitaba a una mesa, un café y un libro.

 

Si es por la mañana, la terraza es ideal para sentarse a la mesa con una taza, algún pan tostado —o quizá un platillo más elaborado— y tomar notas en una pequeña libreta, leer un libro o hacer bosquejos de ilustraciones —incluso hay quienes todavía conservan la costumbre de llevarse un periódico impreso para leerlo desde la primera a la última página, vagando entre secciones del presen te, siendo sin darse cuenta una postal urbana en extinción.

 

En la ciudad de Querétaro, las Terrazas del andador Libertad, cruzando la Plaza de Armas, tienen vocación matutina: salvo el bar La Chilacayota —antes Cantina Gracias a Dios—, especializado en cocina mexicana con una barra de mezcales, vinos y coctelería de vanguardia, el resto de los locales del histórico andador suelen ser espacios para pasar las mañanas (aunque, a decir verdad, La Chilacayota también cuenta con un brunch de fin de semana «para la resurrección »). Tosca, por ejemplo, cuenta con una oferta de chilaquiles, molletes o tortas de copete al horno o pierna mechada, entre otros, que pueden acompañarse de la selección musical de vinilos que las mañanas

de sábado pinchan diversos artistas de Querétaro; teniendo una enredadera de fondo (que, además, guarece al interior del sol), uno puede almorzar con el pausado ritmo que brindan las terrazas sobre el anda dor. Breton es desde hace un tiempo un bistrot de referencia para la cocina de inspiración francesa, en cuyas mesas del exterior, con el inconfundible turquesa de la fachada de fondo, uno puede probar algunos de sus imperdibles: los sándwiches croque madame o croque monsieur hechos con pan brioche, quiches, o los platillos a base de papa, como el gratin dauphinois (un pastel de papa gratinado con crème fraîche, cebolla caramelizada, queso gruyère y salmón) o el platillo típico de los Alpes, la tartiflette. Finalmente, está La Ventanita de El Apapacho Comunidad de Café, la cual, disponiendo de un rack de bicicletas y unas cuantas bancas, ha hecho de ese punto de venta —con café de especialidad proveniente de fincas de Chiapas, Veracruz, Oaxaca, Michoacán, entre otras— un sitio para que ciclistas y transeúntes se den un respiro mientras se alza el sol, y desde el cual ejercer el derecho a la ciudad, haciendo uso del espacio público como sitio de encuentro.

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