Oswaldo García

En PERFILES

Oswaldo García: «Sigo siendo un curioso»

Rocío G. Benítez

¿Dónde se puede encontrar a Oswaldo García? Si no anda de viaje en Nueva York o Cali, está en Da Substanz, taller y refugio artístico que se encuentra en Plaza de las Américas, uno de los primeros centros comerciales de Querétaro. Entre locales que día a día cambian de ropa a los maniquíes, y el ruidoso carrito de mandado que empujan las amas de casa, se puede ubicar el andador Argentina, y en el número 99 A (planta alta), ahí está Oswaldo.

 

Es editor, hace impresiones en una máquina de risografía, cortahojas, da forma a fanzines, libros de autor y otras cosas raras. Cuando hay muchos proyectos y una feria de libros se aproxima es fácil saberlo, porque mantiene la luz encendida hasta la madrugada.

 

La «riso» parece una fotocopiadora, su cuerpo está lleno de stickers: si fuera un humano, serían tatuajes. Hace el ruido de una fotocopiadora, pero no lo es. Tiene un sistema de impresión análogo-digital en donde Oswaldo comenzó a armar libros, y esos mismos lo han llevado a las principales ferias de Suiza, China, Estados Unidos y Ciudad de México.

 

El acceso al taller es por una pequeña puerta que, si van de prisa, casi pasa desapercibida. Tiene un aspecto misterioso. La sensación incrementa al ver las altas escaleras que hay que subir, como una especie de prueba a superar para poder entrar. ¡Atentos a la hora de salir! Hagan una pausa entre un escalón y otro para leer una frase reveladora de Jorge Luis Borges: «El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho».

 

Arriba, dominando el primer cuadro, se ubica el reino de Gold Rain, sello editorial que Oswaldo creó en 2015. Por ahora su vida son los libros. Y está creando fama. Su libro acordeón llamado Voices, resultado de su residencia en 2021, en el Center for Book Arts, fue adquirido por el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Si alguien le hubiera leído las cartas y augurado una vida dedicada a los fanzines y todo tipo de experimentos apegados al libro, quizá no lo hubiera creído, o tal vez hubiera empezado su caminar a temprana hora por ese sendero. Pero el destino es lo que es.

 

De adolescente andaba con la cámara fotográfica de su madre;luego, con una de video, alimentaba la idea de ser cineasta. Con los amigos de la preparatoria bajaba a las inauguraciones del Museo de la Ciudad. «Era como ir a una fiesta.» Ese lugar, más tarde, se volvería un sitio frecuente y un espacio de aprendizaje.

 

Como otros jóvenes que miran el arte como una posibilidad de vida, escuchó la cantaleta: «¡De artista te vas a morir de hambre!». Por fortuna nunca han faltado los trozos de pizza ni las hamburguesas. Se graduó como restaurador: era una profesión que mezclaba el arte con la química, materia que también le llamaba la atención. Pero seguro la alineación de ciertos astros que se tendrá marcada en su carta natal determinó una vida apegada a la curiosidad y la experimentación. Tomó la restauración como un trampolín para saltar a otras áreas.

Pronto se hizo un nombre de fotógrafo, así se ganó su primer viaje a Nueva York. A su regreso, junto a Roxanne Nájar, abrió Da Substanz para dar talleres, organizar exposiciones y vender obras. «Nos iba muy bien con las exposiciones, pero se volvió muy especulativo», confiesa.

 

Con un historial de fotógrafo, documentalista, restaurador, galerista, promotor de arte, impresor y editor de libros, sumó la encomienda de encargado de montaje en el Museo de Arte Contemporáneo Querétaro, trabajo que realizó sin dejar de hacer fanzines, promover libros y viajar.

 

A su ficha curricular se debe agregar una estrecha relación con la Galería Libertad, desde que el arquitecto Bernardo Sarvide la comandaba; luego dio continuidad a la colaboración con Paulina Macías. En este espacio fue cómplice de la organización de las primeras ferias de libros y fanzines en Querétaro, que hasta la fecha sigue liderando el joven artista.

 

Oswaldo García. ¿Hay otro artista en esta ciudad con ese mismo nombre? En Querétaro... no. En migración lo han detenido varias veces pensando que es otro. Dos iguales, imposible. El gran Gerardo Esquivel (1958-2019), Geer, le llamaba con cariño Oswaldito. Se ganó la confianza y amistad del autonombrado «niño terrible de la pintura queretana». Lo conoció cuando estaba realizando una investigación sobre el uso de materiales entre pintores para la carrera de restauración. Observó de cerca la forma de trabajar de Geer, hizo grabaciones de su proceso creativo y testimoniales de su vida. Con el mismo pretexto de la investigación, también se acercó a Rafael Ontiveros, Aper, y comenzaron a armar proyectos juntos. Varias veces, mientras Rafa patinaba, Oswaldo lo siguió con la cámara de video. Tiene más entrevistas con otros artistas. De organizar todo ese material fotográfico y de video, que todavía conserva, pueden salir una serie de documentales. Y eso no sería resarcir el anhelo de ser cineasta. Ahora sabe que lo que quería hacer desde el cine era contar historias, y eso mismo ha logrado a través de la fotografía y ahora también con los libros.

¿Cómo saber si está en Querétaro? Antes dejaba su bicicleta afuera de Da Substanz, esa era la señal. Pero ahora la bici sube con él al taller. Si ven otro vehículo de dos llantas aparcado a las afueras, es de otra persona. Una llamada o un mensaje por WhatsApp servirá para conseguir su ubicación. Aunque para él «ir en camino» es una definición infinita. Una vez que mandó un aviso de que no tardaría en llegar, porque ya estaba «en camino», era porque venía a toda velocidad, pero en bicicleta y desde Tequisquiapan. Así se le puede identificar: anda en bicicleta, con todo su equipo de protección, carga una cámara, a veces es una cámara de foto instantánea. Y, si trae cubrebocas, no lo verán, pero siempre está sonriendo. La pandemia lo llevó a enfocarse en su sello editorial y su obra personal. «Soy editor, pero también me autoedito.» Y mientras otros se refugiaban en casa, él aprovechó para viajar. En una estadía en Colombia creó el libro Familia, serial de fotos donde retrató a su papá, mamá y hermana. «Si no hubiera pasado la pandemia, no me hubiera dedicado a mi obra personal.» Ahora ve al libro como un artefacto que engloba todo lo que ha trabajado. Lo concibe como una obra de arte y una exposición: abrir cada página es como entrar a ver las obras colgadas en una galería o museo. Con la facilidad de que el libro se puede mover a cualquier lado.

 

Gold Rain no tiene una línea editorial definitiva, ni un parámetro de rareza, atiende proyectos con una inquietud original y auténtica del autor. «Desde ahí se puede ver si será un gran libro.» Oswaldo admira lo efímero, las transformaciones del tiempo, la decadencia de la calle, aquello que la gente casi no ve o no quiere ver. «Me interesa la forma en que te hablan la calle y el contexto.»

 

Y sin pudor se define como un acumulador; explica que el artista es un ser de procesos acumulativos. Así acumula recuerdos, anécdotas, amistades; le gustan esas personas que son apasionadas con su trabajo. Por supuesto que es un acumulador de cosas. Le causa morbo ver qué es lo que la gente tira a la calle. Y no le da vergüenza sacar de la basura algún objeto con una cualidad de transformación artística. Con unas lámparas largas de luz que recogió de la calle y trasladó al campo en medio de la noche, logró crear una fotografía que presenta una imagen entre desértica y de ficción.

 

Trae un mapa en la cabeza, mantiene el pasaporte vigente y la visa a la mano, por si hay que viajar de inmediato. No se preocupa por dónde ir, sino por las vivencias que le dejará el mismo viaje. «Sigo siendo un curioso.» Pero también viaja porque se aburre con facilidad y, cuando eso ocurre, se vuelve disperso. «Y me bloqueo.»

 

Espera pronto tener su visa de artista, y de llegar la oportunidad de radicar en Estados Unidos se ha prometido dos cosas: no dejar de hacer libros y regresar de manera frecuente a Querétaro y a Da Substanz, su casa. «Voy a mantener un pie aquí, siempre.»

 

Nació el 29 de abril de 1989, en Querétaro. Tauro rige su vida. Según los expertos de la astrología, las personas nacidas en la casa dominada por el toro son poderosas y honestas. Oswaldo, sin dudar, lo es.

De su manía de acumulador guardó una serie de anuncios de tarot, limpias y hechizos, que fue encontrando entre paredes y postes de la ciudad. Con todo eso hizo un fanzine y una libreta. Ahora está interesado en la lectura de cartas, y no descarta convertirse a futuro en un buen lector del destino. «Voy a tratar de ser siempre sincero, y no voy a dar falsas esperanzas a las personas.» Su nombre artístico, de esta luminosa y mágica faceta, será: Señor Oswaldo. ¡Agenda ya tu cita!

 

Algunos títulos emblemáticos de Gold Rain Books

 

Triste suerte de los peces voladores

Horacio Warpola

 

Street Spirit:New York

Oswaldo García

 

Squatters Coloring Book

Gerardo Esquivel

 

A Star Wars Zine

Oswaldo García

 

Refranes ilustrados de la Nueva España

Fres Saltamontes

 

Vivir arriba

Chucho Ocampo

 

Gracias a Oswaldo García y la Galería DaSubstanz, Chucho Ocampo ideó en 2018 Vivir arriba, un ejercicio de imaginación e investigación artística donde pensó, dibujó y habitó Plaza de las Américas por un periodo de seis semanas. Con la distancia que le brinda vivir desde hace un par de años fuera de Querétaro —como lecturer tras la realización de su posgrado en el MIT—, escribe sobre la que considera «la mejor plaza del mundo»:

 

Plaza de las Américas, desarrollada y construida como modelo de plaza al aire libre a finales de los setenta, fue en su momento la plaza comercial más grande de Querétaro. La particularidad de su propuesta radicaba en la idea de una plaza comercial administrada en copropiedad por sus locatarios, quienes decidirían el presente y futuro de la plaza, su relación con la calle, las características y usos del espacio público y sus posibilidades a futuro.

La arquitectura de la plaza, claramente influenciada por el movimiento moderno de mediados de siglo XX, es un modelo simple de arquitectura racional; la construcción utiliza pilotes que crean pórticos continuos y que, a su vez, organizan los andadores peatonales, asemejando la Ville Savoye de Le Corbusier, un monumento intocable para los arquitectos puristas, amantes de la narrativa moderna europea.

Plaza de las Américas es mucho mejor que la Ville Savoye

Dentro de la plaza, este modelo pareciera repetirse infinitamente formando una pequeña ciudad organizada alrededor de un espacio central, rodeado por las banderas de América, de las cuales solo los mástiles sobreviven. Las jardineras, que también son bancas, parecieran esculturas abstractas que no siguen ningún patrón preestablecido más que la ubicación aleatoria de los árboles, los cuales posiblemente estaban ahí mucho antes que la plaza. Cada una de las calles tiene el nombre de un país de América, siendo México y Estados Unidos los ejes principales. Pequeños accesos en los andadores dirigen a las plantas altas, actualmente utilizadas como bodegas o locales, desde donde las ventanas horizontales permiten ver las copas de los árboles y el movimiento de los andadores peatonales; es allí donde existe mayor privacidad, desde donde se puede ver sin ser visto. Desde allí se pueden apreciar los salones de belleza, cafeterías, papelerías, boutiques, restaurantes, relojerías, dulcerías e incluso veterinarias, un programa que mantiene viva la plaza a lo largo del día.

Se ha querido decir que la plaza está abandonada, que está en desuso, que no funciona; yo quisiera argumentar lo contrario: es el modelo de plaza comercial ideal, abierta, pública, democrática y posiblemente, debido a su concepción de copropiedad, la que tiene más futuro.

 

En 2018, viví arriba, en Argentina 99; arriba del vendedor de celulares, a contra esquina de los vestidos, como parte de un ejercicio de imaginación e investigación artística cuya pregunta principal era qué se necesita para vivir en un lugar o para reimaginarlo, si acaso eran los objetos cotidianos, la arquitectura o los eventos que allí tienen lugar. Para intentar responder dicha pregunta, esos pocos metros cuadrados de un local comercial se convirtieron por unas semanas en mi lugar de sueño, trabajo, fiestas, resacas, visitas conyugales y uno que otro susto, después de las cuales no pude llegar a mayor conclusión que uno realmente vive donde se siente cómodo y acompañado, aunque sea por guardias y decenas de vecinos, un lugar flexible y sobre todo lleno de vida pública. La mejor plaza del mundo.

 

8º Encuentro de Lectores y Feria del Libro Infantil y Juvenil

CECEQ Manuel Gómez Morín

Del 9 al 12 de noviembre

 

Durante la segunda semana de noviembre se realizará la octava edición del Encuentro de Lectores y Feria del Libro Infantil y Juvenil con entrada libre para talleres, conferencias, masterclasses y venta de libros.

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