La ruta de un Querétaro Mágico

En TURISMO

*Por Lola Sierra

 

 

Se dice que lo mejor de un viaje no es el destino, sino el trayecto. Aunque esta sentencia encierra una verdad innegable, también resulta un poco sospechosa: ¿acaso es superior nuestra apreciación y los aprendizajes de un viaje que el lugar en sí mismo? Tal vez a la persona que se le ocurrió la frase le faltó viajar más. O tal vez solamente es necesario reajustarla: «Lo mejor de un viaje no es el destino, sino el trayecto; lo mejor de un viaje no es el trayecto, sino el destino». Es decir, una doble negación que, de algún modo, encierra toda la verdad. O lo parezca. O tal vez simplemente estoy planteando una boutade. Y si comencé con hacer un embrollo es porque me surgió la duda de si los rincones más asombrosos de México no son acaso tan impresionantes que puedes olvidar cualquier experiencia —buena o mala— de un viaje. Y entre esos rincones puedo nombrar los Pueblos Mágicos.

 

 

PUEBLOS MÁGICOS
Y QUERÉTARO

 

La distinción de Pueblo Mágico comenzó en 2001, bajo un programa cuya estrategia era promover el turismo en regiones y localidades de México que tuvieran atributos históricos, sociales y culturales únicos, como leyendas, símbolos, historias, hechos trascendentes, rituales cotidianos y cualquier otra característica que se pudiera asociar con la magia. Y es que quien haya visitado al menos uno de estos sitios fácilmente puede entender por qué se les nombra así: la gastronomía, las fiestas y costumbres, los paisajes naturales, las actividades que ofrecen y los habitantes hacen que el viaje sea «mágico». Además, desde hace unos años, en México se celebra el Día Nacional de los Pueblos Mágicos el 5 de octubre.


El estado de Querétaro cuenta con siete destinos que ostentan este distintivo turístico: Amealco de Bonfil, Bernal, Cadereyta de Montes, Jalpan de Serra, San Joaquín, Tequisquiapan y, recientemente, Pinal de Amoles. Todos estos cuentan con pintorescas callecitas, bellas plazas, sitios fotografiables, rincones espectacurales y, particularmente, son grandes representantes de las zonas naturales más impresionantes de Querétaro: los bosques y campos del sur, el semidesierto y la Sierra Gorda.

 

 

BOSQUES Y
CAMPOS DEL SUR


Localizado en el límite sur del estado, Amealco es el Pueblo Mágico de esta región queretana, cuyo nombre proviene del náhuatl y que se puede traducir como «en los manantiales» o «lugar donde brota el agua de las piedras». Entró al programa turístico en 2018, mismo año en que se nombró como patrimonio nacional a Lele, la muñeca artesanal originaria de Santiago Mexquititlán que se ha convertido en un ícono mundial.


Otra también digna representante de la zona es Dönxu —en otomí significa «muñeca»—, que se elabora por manos artesanas de San Ildefonso Tultepec —las ruinas del antiguo templo y la zona arqueológica El Cuisillo son dos atractivos turísticos que destacan en esa localidad.


Otros sitios naturales maravillosos que le añaden ese toque mágico a Amealco son la laguna de Servín, la cascada La Piedad, los cerros de La Cruz, de los Gallos y de San Pablo, o recintos como las antiguas haciendas de La Torre y La Muralla, la parroquia de Santa María y el Museo de la Muñeca Artesanal.

 

 

SEMIDESIERTO
QUERETANO.


Bernal fue el primer Pueblo Mágico en Querétaro, localizado en el municipio de Ezequiel Montes, en la medianía del estado. Entró al programa en 2005 y se distingue por su muy conocida Peña. En 2009, este monolito de más de doscientos ochenta metros de altura ingresó a la lista de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la Unesco por su importancia en la tradición de los pueblos otomí-chichimecas. La imponente Peña puede verse desde la lejanía, y es una manera de saber que el visitante ya está cerca de Bernal. El monolito está abierto al público, en un horario que va de las diez de la mañana a las cinco de la tarde, y se puede subir a pie hasta cierta altura. Desde arriba se aprecia todo el pueblo y la belleza del semidesierto queretano. Pero antes de subir las personas tienen una variedad de gastronomía para probar, desde las características gorditas de maíz quebrado con guisados del mercado hasta fondas y restaurantes con grandes platillos. Algunos hoteles también ofrecen sitios y terrazas para comer con vista a la Peña.


En Bernal hay grandes celebraciones: las fiestas a san Sebastián, patrono de Bernal, el 20 de enero; las fiestas a la Santa Cruz, el 3 de mayo; y el equinoccio de primavera, en marzo. Estos eventos convocan a devotos y turistas de todas partes, y es una forma de conocer las costumbres y tradiciones de los pobladores, que recuerdan por qué este es un lugar mágico en Querétaro.

 

A media hora de Bernal se encuentra Cadereyta de Montes, otro de los Pueblos Mágicos del semidesierto de Querétaro. Entró al programa en 2011 y es una zona con un pasado importante, pues también fue el lugar donde habitaron varios grupos de chichimecas, pames y jonaces y sirvió como un punto estratégico para los españoles durante la conquista de la región. Fue fundado en 1640, en honor al primer virrey criollo de la Nueva España, don Lope Díez de Armendáriz, marqués de Cadreita.


Cadereyta es considerada la tierra de la barbacoa y el pulque: en los últimos meses de cada año, en el municipio de Boyé se lleva a cabo una feria en torno a ellos. Uno de los sitios más llamativos de este Pueblo Mágico es Tzibanzá, un campamento ecoturístico en la presa de Zimapán. En este lugar es posible realizar diversas actividades recreativas, como recorridos por el embalse y pesca deportiva. Para quienes gustan de este tipo de planes en la naturaleza, es probable que también disfruten de los manantiales El Aguacate, en la comunidad Xidhí; o de un paseo por el antiguo pueblo minero de El Doctor; o de una visita a la cascada Velo de Novia y al Cañón del Caracol, en Maconí; o del enorme repertorio de ejemplares de flora del semidesierto que resguardan la Quinta Fernando Schmoll y el Jardín Botánico Regional.


Tequisquiapan es el tercer Pueblo Mágico de esta región y entró al programa en 2012. Este maravilloso y pintoresco lugar comparte características que la hermanan con Bernal y Cadereyta de Montes. Una de ellas es que los tres pertenecen a la Ruta del Arte, Queso y Vino. Y en Tequisquiapan esta experiencia se vive de una manera muy particular, pues cada año se organiza aquí una de las mayores celebraciones enogastronómicas del país: la Feria Nacional del Queso y el Vino, en el emblemático Parque La Pila, durante tres viernes y tres fines de semana, entre mayo y junio. Este parque se encuentra en el centro de la ciudad, cerca de algunos mercados de artesanías y de la parroquia Santa María de la Asunción, junto a la Plaza Miguel Hidalgo. Para los amantes del queso que quieran vivir una experiencia especial en Tequisquiapan, hay varios sitios de interés, entre ellos el Museo del Queso y el Vino —también en el centro—, que cuenta con un restaurante, y Bocanegra, que tiene una cava subterránea donde maduran sus productos.

 

 

Sierra Gorda.


Quien visita la Sierra Gorda sabe que sus paisajes roban el aliento y es en esta región donde se localizan los tres Pueblos Mágicos más al norte del estado. Jalpan de Serra fue el primero de ellos en entrar al programa, en 2010. Su nombre proviene del náhuatl, que en español significa «lugar sobre la arena». También se nombró en honor al legado de san Junípero Serra, quien fue uno de los fundadores de las misiones franciscanas de la Sierra Gorda, declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 2003. En este Pueblo Mágico se localizan dos de las cinco existentes: la Misión de Jalpan, que se encuentra frente a la plaza principal, y la Misión de Tancoyol, la cual posee la fachada más elaborada de todas estas edificaciones religiosas representativas del barroco mexicano.


Uno de los sitios históricos más sobresalientes es la zona arqueológica de Tancama, un ejemplo del desarrollo de la cultura huasteca; aquí se encontraron restos y objetos ceremoniales que demuestran que fue un lugar de carácter astronómico.


Como gran parte de la Sierra Gorda queretana, en Jalpan se realizan actividades en la naturaleza que buscan generar el menor impacto posible, como senderismo, observación de la flora y fauna, ciclismo y pesca deportiva. La presa de Jalpan, por ejemplo, además de ser un punto de interés turístico, es un lugar de gran relevancia ecológica dentro de la Reserva de la Biósfera de la Sierra Gorda. Fue designada como sitio Ramsar en 2004; es decir, es un humedal de importancia internacional, ya que es el refugio de diversas aves migratorias y especies nativas.


A dos horas y media de la ciudad de Querétaro se encuentra San Joaquín, el segundo Pueblo Mágico del territorio serrano. Entró al programa en 2015. Está localizado en una zona boscosa y con neblina, de clima húmedo y templado, llena de pinos, cedros, robles, encinos, madroños y fresnos.


Cada año, en medio de esta imponente naturaleza se realiza la muy conocida Comida de la Amistad, que congrega a cientos de personas en el parque nacional Campo Alegre. Y es que las multitudes nunca faltan en este Pueblo Mágico, conocido como la «catedral del huapango», ya que desde principios de los setenta organiza el Concurso Nacional de Baile Huapango Huasteco, que reúne a participantes y espectadores de toda la república mexicana, e incluso del extranjero.


Además de estos dos grandeseventos, en San Joaquín se encuentra la zona arqueológica de Ranas, una urbe del periodo Clásico mesoamericano en la que todavía se pueden apreciar algunos espacios que sirvieron para el juego de pelota, y la cascada Las Maravillas: ambos sitios son puntos turísticos ideales para una escapada de fin de semana.


El tercer Pueblo Mágico de la Sierra Gorda, y el más reciente en entrar al programa —en junio de este año—, es Pinal de Amoles, el cual guarda muchas características similares con Jalpan de Serra y San Joaquín. Aquí también se respira y vive el huapango. Este lugar cuenta con su propio Concurso Nacional de Baile de Huapango, que se celebra en marzo. Aquí también se edificó una misión franciscana aunque en la actualidad solo se conservan los vestigios del antiguo convento de Bucareli. Aquí también abundan los parajes y maravillas naturales que dejan sin aliento: el mirador de Cuatro Palos, las cascadas El Salto y El Chuveje, la Puerta del Cielo, la Cueva de los Riscos, el Cañón de la Angostura y el Puente de Dios.


Todos ellos reflejan el pasado y el presente vivo de toda una región, de las culturas que viven y vivieron en ella, de las costumbres y celebraciones que permanecen y se heredan entre generaciones, con una tradición importante en gastronomía, aunque pocas veces se conoce. Estos detalles, por separado y en conjunto, dan el toque mágico que permite entender por qué merece esta distinción nacional.


Tal vez debí haber empezado de otra manera, con otra sentencia: lo mejor de un viaje no solo es el destino, sino también el trayecto. Y la razón más evidente es que todo cuenta en uno: las personas, las anécdotas del camino, los paisajes y sitios visitados, los recuerdos que hacemos. Los Pueblos Mágicos son un claro ejemplo de la diversidad que posee el país en todos sus aspectos. Nos recuerdan que la magia de un territorio no solo se encuentra en el lugar en sí mismo, sino también en la gente que lo habita y lo mantiene vivo.

 

 

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