La Historia del teatro en Querétaro

En CULTURA

Por: Manuel Naredo

 

«EN 1958 FUNDÉ, CON JAIME MURÚA, EL PRIMER GRUPO TEATRAL DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE QUERÉTARO (UAQ)

 

y monté, para la Casa de la Juventud, dos piezas cortas de Xavier Villaurrutia», narra Jorge Galván —Christos Jorge Papadimitriou Galván— en su libro De memoria, donde también recuerda, de sus siete años en nuestra ciudad, a cuatro dramaturgos queretanos: José Manuel Lozada, Manuel Montes Collantes, Salvador Alcocer e Ignacio Estrada Olvera. En la misma publicación deja constancia de su participación con la naciente compañía de los Cómicos de la Legua, su entrañable amistad con su fundador, Hugo Gutiérrez Vega, y algunos de los nombres de aquellos actores queretanos aficionados que realizaban su trabajo escénico con entusiasmo, entre los que se encontraban Toño Gutiérrez, Rafael Lozada o Dinorah Perusquía.

 

Galván llegó hasta Querétaro contratado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura como delegado de esa institución, para alentar el desarrollo teatral, con un sueldo tan raquítico que le obligó a trabajar como maestro en la Normal, y como reportero de sociales en el periódico El Amanecer, además de vender gelatinas. Y si bien la presencia de teatro en la ciudad, siempre con carácter amateur, contaba ya para entonces con una larga historia, fue con su llegada que empezó a tener formas más constantes.

Además, claro está, de la fundación del grupo teatral Cómicos de la Legua, en 1959, en la que también participó, en sus inicios, Galván, y que tuvo en el entonces joven entusiasta Hugo Gutiérrez Vega, recién nombrado responsable del área de difusión cultural universitaria, a su fundador e impulsor inicial. Aquellos Cómicos fueron el parteaguas teatral queretano, porque su espíritu trashumante, inspirado en el trabajo de La Barraca, de García Lorca, los llevó a pisar muy diversos y disímbolos escenarios, desde el Teatro de la República, en la capital del estado, hasta apartadas rancherías, además de realizar giras nacionales que, con el tiempo y el entusiasmo del sucesor de Gutiérrez Vega en la dirección, Paco Rabell, se convirtieron en internacionales.

 

El grupo universitario, integrado, entre otros, por los hermanos Servín, Ignacio Frías, Aurelio Olvera y el mismo Paco Rabell, se convirtió pronto en el referente teatral de Querétaro y varias generaciones de queretanos se acercaron por primera vez a esta manifestación artística viéndolos en escena, principalmente interpretando el rico repertorio corto del teatro clásico español. Los Cómicos, aún sin sede y ensayando en casa de Rabell, consiguieron con el presidente Luis Echeverría una gira por Centroamérica, que se extendió a Sudamérica, y también otra a España, donde causaron sensación cuando se presentaron en el Teatro Español de Madrid con su acento mexicano y los textos de Lope de Rueda y Cervantes.

En aquella época vinieron hasta Querétaro reconocidos maestros de la escena, como el crítico Juan Miguel de Mora, que dirigió Guillermo Tell tiene los ojos tristes, de Alfonso Sastre, con la participación, como asesor, del mismísimo Alejandro Jodorowsky, y Salvajes, de Christopher Hampton, que dirigiría uno de los nuevos y destacados creadores escénicos de entonces: Julio Castillo. También surgiría, a la sombra de la compañía mayor, el grupo infantil, donde empezaron a destacar los hijos de Rabell, Luis, Paco y Enrique, y los hermanos Guerrero, Jaime, Óscar y Mónica.

 

No fueron, sin embargo, los Cómicos de la Legua los únicos que desarrollaron una labor teatral en las décadas de los sesenta y setenta del pasado siglo; aquí mismo se dieron experiencias interesantes, como la de Odilón Quintanar, en el Teatro del Seguro Social, o la de Salvador Alonso, quien, con insistencia y disciplina, mantuvo una propuesta teatral de la que surgieron, entre otros, el matrimonio conformado por Lupita y Guillermo Smythe, que con el tiempo crearían su propio grupo: La Gaviota. El grupo Juglarón, que formaron los hermanos Juan y Roberto Servín y Antonio Rivera Casas en 1976, luego de separarse un tiempo de los Cómicos de la Legua, también hicieron diversos montajes y vinieron a enriquecer la oferta teatral queretana, pese a lo efímero de su presencia.

En 1980, tras una breve incursión en el teatro de la capital del país, Paco Rabell decidió conformar su propio grupo, haciendo de su casa un teatro. Así, en diciembre de 1980, se inauguró el Corral de Comedias de Querétaro, que mantendría por muchos años una oferta teatral constante, todos los fines de semana del año, y hasta donde llegaron, participando como actores, Héctor Bonilla, Regina Torné o Evita Muñoz, «Chachita», y directores como Julio Castillo o Alejandro Bichir. Fue el Corral de Comedias un impresionante semillero de nuevos actores y directores teatrales que repercutieron, años más tarde, en una amplia oferta de puestas en escena, grupos y espacios dedicados a esa disciplina que empezaron, como en el propio Corral y en el Mesón de los Cómicos de la Legua, espacio cedido al grupo universitario, a mantenerse de la taquilla. 

 

Otro momento importante para el teatro queretano fue la llegada de Leonardo Kosta, a principios de los ochenta. El director, actor y titiritero, que había llegado a México con el grupo Triángulo, fue contratado para hacerse cargo de la revista Repertorio, de la UAQ, y de pasó sembró la semilla de su visión teatral entre varios actores queretanos, entre los que se puede mencionar a Pilar Vega y a Mónica Cadena, que ya tenía una historia teatral anterior con el grupo Zopilote.

Tras el paso de Kosta por la dirección de la revista universitaria, llegaría a hacerse cargo de esa responsabilidad Raúl Zermeño, director y maestro teatral de larga trayectoria que montó Historia de un anillo, en la que participaba como actor un jovencísimo Rodolfo Obregón, quien lo relevó en esa responsabilidad, fundando la llamada Compañía Universitaria de Repertorio, la CUR, que por algunos años puso en el escaparate nacional al teatro queretano. Míticas fueron las diversas puestas en escena que Obregón dirigió con la CUR, como Woyzeck, de Georg Büchner, o El monje, de Juan Tovar, por solo mencionar un par de ellas. De esta rica experiencia surgieron diversos actores y directores que vinieron, los años subsecuentes, a enriquecer también el panorama teatral de Querétaro, como Ramiro Cardona, José Luis Álvarez Hidalgo o Noé Lynn. Estos tres creadores escénicos conformarían otras tantas compañías, Mutis y Los Títeres de Cachiporra, y aparecerían actores como Cony Parra o David Lynn.

 

A Querétaro llegaron, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, otros teatristas con diferentes propuestas escénicas. Es el caso de Gustavo Silva y Ruth de la Colina con el grupo independiente Banqueta, que con el tiempo cambiaría de nombre a La Compañía; Abelardo Rodríguez, quien creó el grupo Mitote; o Víctor Osorio con el grupo Arlequín. Tanto Silva como Osorio desarrollaron a la par un largo trabajo como formadores en el Cedart Ignacio Mariano de las Casas, y de estas experiencias teatrales independientes surgieron actores como Manuel Oropeza, o Ana Bertha Cruces, quien a la postre se convertiría en productora teatral y procuradora de proyectos diversos que permitieron la venida a Querétaro de directores escénicos de primer nivel nacional. Mención aparte merece Franco Vega, quien fuera director de los Cómicos de la Legua y que fundara La Cartelera, con amplio repertorio de teatro para niños y adultos.

Por otro lado, el Corral de Comedias engendró a varias compañías, principalmente dedicadas al montaje de comedias, entre las que pueden citarse Teatro de la Media Luna; El Sótano, de Verónica Carranco; o La Casona del Árbol, de Javier García, de donde, a su vez, surgieron las experiencias de Sol y Luna, de Erick Wuotto; y el Teatrito La Carcajada, de Ricardo Ortega y Jorge Izquierdo.

 

Otros sucesos significativos que repercutieron en el panorama teatral queretano fueron, entre otros, la organización, a mediados de los noventa, de un taller regional para actores y directores coordinado por Luis de Tavira y Jorge Vargas, y la presencia, igualmente con talleres, de Eugenio Barba y diversos maestros del Odin Teatret, cuando el siglo XXI aún era muy joven. También llegaron a Querétaro, en diversos momentos, actores o directores como Jorge Martínez, Blas Villalpando, Marco Pétriz, Ricardo Leal, Román García, Uriel Bravo o Ituriel Hernández, que engrosaron, y en algunos casos lo siguen haciendo, la oferta teatral de la capital estatal.

A todo ello se une la presencia significativa de dos dramaturgos: Gerardo Mancebo del Castillo Trejo, nacido en Querétaro, y Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, que aquí inició su creación teatral. Ambos desarrollaron una producción dramatúrgica que marcó indeleblemente al teatro nacional. Actualmente, la oferta teatral queretana es vasta y diversa; la labor formadora de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro y de otros espacios independientes, entre los que destaca la Escuela Multidisciplinaria Profesional de Actuación, en el teatro El Sótano, ha provocado el incremento significativo de profesionales de la escena. Así podemos descubrir más de veinte teatros independientes, una cartelera constante en el Museo de la Ciudad, que tiene al menos tres espacios dedicados a la actividad teatral, en los teatros universitarios, y hasta en la calle y en las casonas queretanas con profusión del teatro turístico con la puesta en escena itinerante de leyendas.

 

Nuevos creadores, como Alonso Barrera con su Foro de La Fábrica, Mariana Hartasánchez, Agustín Meza o Luis Santillán, han venido igualmente a enriquecer la oferta teatral queretana. Hoy por hoy, Querétaro es la ciudad media del país con mayor cantidad de puestas en escena, y sus habitantes y visitantes tienen la oportunidad, durante todo el año, de escoger entre variadas propuestas. Es el fruto de años de trabajo de quienes, otrora, hicieron camino en los escenarios.

 

** Licenciado en Derecho por la UAQ. Es actor y director de teatro, además de haber sido reportero y colaborador periodístico en distintos medios. Fue director del Instituto Municipal de Cultura, del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes y de la Comisión para los festejos del Bicentenario de la Independencia Nacional, así como del Centro INAH Querétaro.

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