«Una sonrisa, un minuto más de vida»

En PERFILES

Por Danna Oliveros

Se dice que Querétaro es uno de los estados con más actividad teatral del país. Basta recorrer la calle 5 de Mayo, en el Centro Histórico, para comprobarlo: cada semana, diversos teatros levantan su telón de manera simultánea para sorprender al público con nuevas historias. En las calles aledañas, una decena de foros y espacios independientes también mantienen viva la actividad teatral, conformando lo que algunos comienzan a llamar, modestamente, el Broadway queretano. 

 

Como toda historia, esta también tiene un punto de partida. El corredor teatral de 5 de Mayo comenzó a tomar forma hace veintiún años con la apertura del Teatrito La Carcajada. Este pequeño foro, especializado en provocar la risa incluso en los espectadores más serios, marcó el inicio de una dinámica cultural que transformó a esta calle en un punto de encuentro para artistas y públicos. 

 

 

Herederos de una larga tradición

A pesar de que el Teatrito La Carcajada surgió en la primera década del siglo XXI, la semilla de su vocación escénica ya estaba planteada desde hace siglos, y se consolidó como heredero de una larga tradición teatral en el estado. Y es que en Querétaro el teatro ha estado presente desde el siglo XVI, cuando surgieron los primeros teatros catequísticos: representaciones dramáticas utilizadas por los misioneros para enseñar la doctrina cristiana, cuya herencia persiste en las pastorelas y en las representaciones del viacrucis durante Semana Santa.

 

Después aparecieron los cómicos itinerantes, quienes, pese al rechazo de los franciscanos —que pensaban que el teatro atentaba contra las buenas costumbres, y llegaron incluso a correr a los actores—, improvisaban telones y escenarios efímeros en atrios de iglesias, plazas públicas y en espacios destinados a las corridas de toros y peleas de gallos. Desde entonces, todas las clases sociales se arremolinaban en las mismas butacas para disfrutar de este arte vivo, como en 1680, cuando se escenificó la comedia del príncipe Fez y La destrucción de Troya, en la inauguración del templo de La Congregación, según el historiador Edgardo Moreno Pérez —quien, además, ubica al Teatro de Media Luna como el primer teatro fijo, que debía su nombre a su peculiar arquitectura y que se encontraba localizado en lo que hoy conocemos como la calle de Reforma, frente al Sanatorio Alcocer.

 

Hasta bien entrado el siglo XX, el teatro queretano conservó un carácter amateur. Los actores aprendían el oficio «en las tablas», es decir, de forma práctica y directa sobre el escenario. Fue hasta 1958 cuando se fundó el primer grupo de teatro de la Universidad Autónoma de Querétaro, y, un año después, en 1959, nació Cómicos de la Legua, compañía de la que, con el tiempo, surgirían otras agrupaciones, como Corral de Comedias, en 1980. Ambas se convirtieron en semillero y escuela de numerosos actores queretanos. De ahí surgió Ricardo Ortega Septién, conocido como Coka, quien, junto a Jorge «Chito» Izquierdo, dio vida al Teatrito La Carcajada, espacio del que también han emergido otros artistas que más tarde fundaron sus propias compañías, como Jaja Teatro, de Gerardo Pacheco, y La Mirruña, de Jessica Zermeño.

 

Complicidad en la risa

Chito y Coka coincidieron por primera vez en el escenario de La Casona del Árbol, aunque cada uno ya llevaba varios kilómetros recorridos sobre las tablas. Chito proviene de una familia de músicos de conservatorio y desde niño mostró interés por la poesía, la danza, la oratoria y el teatro, arte al que se dedicó de lleno en su adolescencia. Coka, por su parte, nació en una familia de escritores y amantes del teatro… y de la Coca-Cola, bebida a la que debe su apodo, pues su abuelo paterno trabajó muchos años en esa empresa. Durante un tiempo, Coka también se dedicó a la música: formó parte del trío de trova Cuerdas y Madera, pero al final eligió el teatro como vocación principal. Llegó a él en su adolescencia, cuando era un joven tímido; sobre el escenario encontró un refugio, un lugar seguro que, como él mismo dice, «lo salvó de sí mismo». 

La buena química entre ambos actores, reconocidos por su talento para improvisar y hacer reír al público, los llevó primero a formar El Juglar, un grupo dedicado a la trova, el canto nuevo y el sketch musical. Tiempo después decidieron crear una compañía integrada únicamente por ellos dos: El ahí: a la misma hora, en el mismo lugar, listos para levantar el telón.

 

A 21 años de historia

Para ambos, el teatro es «un pequeño experimento de la vida misma». Esa filosofía y su habilidad para improvisar los ha mantenido en pie tras superar crisis financieras y una pandemia que transformó por completo al sector cultural. «Cuando tienes una pareja cómica —coinciden—, la regla para improvisar es construir a partir de lo que el otro propone. Esa ha sido una de las claves de nuestro éxito.»

 

La primera vez que pusieron esa regla a prueba fue precisamente al levantar su primer teatro. 

 

—Empezamos a crear el teatro con muchas cosas recicladas y yo creo que eso nos dio una visión diferente sobre cómo ocupar los espacios, porque realmente lo único que necesitábamos en ese momento era estar en escena, actuando. Entonces, las cosas que conseguimos para que la gente estuviera a gusto eran sillas prestadas, tablones viejos que pertenecían a Quadros y no existía el telón: lo empezamos a hacer desde cero —cuenta Chito.

 

—Sí nos costó trabajo, la verdad. Cuando iniciamos en Quadros nos salíamos casi a suplicarle a la gente que se metiera al teatro, les regalábamos cortesías y al final pasábamos el sombrero. A veces no lo pasábamos y solo les decíamos: «recomiéndennos». Nuestra regla, que es una regla de muchos teatrero, era dar función con el doble de personas en el público de las que estaban en el escenario. Pero como el proyecto era, al principio, solo entre Chito y yo, pues casi siempre dábamos función, porque siempre había más de dos —recuerda Coka con una sonrisa—. Pero es que siempre lo tomamos con muy buen humor, y creo que eso nos ha ayudado mucho.

 

Con la intención de afianzar su trabajo, en 2006 emprendieron una remodelación: «Se estaba desfondando el techo», recuerda Coka. Pidieron un préstamo, iniciaron los trabajos y, apenas un mes después de haberlos concluido, recibieron la noticia de que debían desalojar.

 

Improvisar fue la única opción en ese momento. Por suerte, encontraron un local vacío a unos metros de distancia, cruzando Plaza de Armas. Era un antiguo billar cuyo dueño, con cierta desconfianza, terminó aceptando rentarles el espacio. «La gente que se dedica a esas cosas nunca tiene dinero», les dijo. Pero Coka y Chito lograron convencerlo.

 

Con poco presupuesto y mucha ayuda de la comunidad teatral, reacondicionaron el lugar y trasladaron lo que pudieron del antiguo foro —hasta el último clavo—. Así en 2006 reabrieron su telón en el número 48 de la calle 5 de Mayo, donde permanecieron hasta septiembre de este año, cuando decidieron mudarse nuevamente, esta vez por decisión propia: su público ya no cabía en las butacas.

 

Un teatro muy queretano

Alrededor de cincuenta obras originales, como Más vale gallina en mano que haciéndola caldo, La Tremenda corte (homenaje a Tres Patines), Queretanas asesinas y su pastorela anual han consolidado a La Carcajada como una de las compañías favoritas del público queretano. A ello se suman sus personajes entrañables, Uva y Poma, dos señoras hilarantes e irreverentes interpretadas por los mismos actores, que han logrado traspasar la cuarta pared para volverse parte de la vida cotidiana de los espectadores: han aparecido en programas de radio, despedidas de soltera, pedidas de mano, cumpleaños, informes de gobierno, baby showers e incluso funerales.

 

Los personajes nacieron hace dieciséis años en una obra política de Leonardo Kosta, y terminaron convirtiéndose en el arquetipo de la «señora bien señora» queretana. 

 

—Todos tienen al menos una tía que se parece a ellas —comentan entre risas.

Durante la pandemia, incluso, Uva y Poma mantuvieron viva la conexión con el público a través de las redes sociales, mientras la compañía transmitía en vivo sus pastorelas para sostener la operación del teatro. Como muchos espacios escénicos, La Carcajada cerró sus puertas por dos años, pero la fidelidad del público los salvó. Los actores aún se conmueven al recordar aquel tiempo: los espectadores donaron fondos, pagaron rentas y reunieron dinero para financiar las funciones virtuales. Ese apoyo les permitió mantener a su equipo de trabajo y regresar a escena en la «nueva normalidad». 

 

Un punto en el mapa teatral 

Antes de la pandemia, Teatrito La Carcajada ya figuraba como un lugar imperdible para quienes querían conocer el humor queretano —porque sí, lo que hace reír cambia de región en región—. Con el tiempo, sin embargo, han buscado que sus chistes no sean tan locales, pues cada vez los visitan más espectadores de otras partes del país, algunos de los cuales vienen a visitar a sus familias, son nuevos residentes o viajan expresamente a Querétaro para comprobar que lo suyo, efectivamente, es «buen teatro». 

 

—Es interesante porque mucha gente conoce aspectos de nuestra idiosincrasia a través de nuestras obras —comenta Coka. 

—Yo creo que este fenómeno empezó hace unos diez años —añade Chito—. Ahora viene público de muchas partes del país; lo sabemos porque al final saludamos a todos de mano y les damos las gracias. Nos ha tocado gente de San Luis Potosí, Torreón, Tijuana, Mexicali, Yucatán, Veracruz, Monterrey y Ciudad de México. 

—También nos llaman de hoteles —interviene Coka—. Nos dicen: «Oye, hay visitantes que quieren armar un paquete con nosotros porque vienen solo a verlos a ustedes… y se regresan al día siguiente». 

 

Coka asegura que la fama del teatrito se ha construido de boca en boca, aún cuando nacieron el mismo año que Facebook. En aquel entonces, los periódicos seguían siendo el principal escaparate para anunciarse. Pero su estrategia publicitaria siempre ha sido sencilla y efectiva: hacer reír a carcajadas a todo tipo de público —ciudadanos de a pie, familias, artistas e incluso funcionarios que asisten para tomarle el pulso social a los chistes políticos improvisados sobre el escenario. 

 

—Es un experimento de la vida: la vida frente a la vida —reflexiona Coka. 

A 21 años de haber levantado por primera vez el telón, ambos coinciden en que el público ha cambiado. El humor ya no es el mismo que antes: ahora, dicen, los tiempos se aceleraron. «Antes podían pasar cinco minutos entre una risa y otra; hoy pierdes al público si no improvisas algo cada treinta segundos.» Además, reconocen que el público se ha vuelto más sensible a ciertos temas. «La línea entre lo que nos podemos reír y de lo que no se ha recorrido un poco», admiten. Eso demuestra, dicen, que la comedia no solo cambia de un lugar a otro, sino también entre décadas y generaciones. «Hay que adaptarse.» 

 

Los chistes de La Carcajada son blancos, humor para toda la familia, que a veces recurre al doble sentido, «pero sin caer en la vulgaridad», puntualiza Chito.

Se extiende la carcajada

«Decidimos crecer un poco más», comenta Chito mientras lanza la pelota a Nana, su inseparable border collie, que corre alegre entre las 200 butacas del nuevo teatro. El foro se ubica ahora en 5 de Mayo #70-B. Su antiguo espacio quedó en manos de La Mirruña, que a su vez cedió el suyo —ubicado en la misma calle— a El Palacio de los Títeres, fortaleciendo así el circuito teatral que da vida a esta arteria del Centro Histórico.

«No somos competencia; entre todos hacemos sinergia y nos echamos la mano», enfatiza Chito. Explica que la idea es abrir el escenario a otras compañías y generar coproducciones que enriquezcan la oferta teatral. 

Para ingresar al foro hay que atravesar tres amplios salones. El primero resguarda una galería temporal abierta a artistas locales, con el propósito de difundir su obra y fomentar el coleccionismo. El segundo es un espacio de descanso y contemplación, donde el público puede esperar la tercera llamada mientras disfruta algo del café-bar y contempla la obra de autores como el fotógrafo Alan Hernández, que han documentado la historia de la compañía queretana Finalmente, el tercer salón —recubierto con fibra termoacústica para aislar el sonido exterior y mantener fresco el ambiente— alberga el gran escenario donde Teatrito La Carcajada promete hacer reír más y mejor. 

—Una sonrisa, un minuto más de vida —recuerda Chito el eslogan de la compañía, como una invitación infalible al público. 

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